Considero a las autoridades de los tres niveles de gobierno culpables de la devastación de este paradisiaco ex hotel. No hicieron nada para evitar su destrucción, no hicieron nada para defenderlo, fueron omisas, irresponsables, inconscientes, indiferentes y negligentes ante el proceso de extinción de este maravilloso ex hotel. Aquellas autoridades del periodo panista, no supieron valorar el acervo existente en el ex Casino, debido a que nunca se hizo un registro de la acumulación de sus bienes; no llegó a sus manos un inventario de las obras allí albergadas. El ex Casino nunca les interesó, por tal motivo no estuvo en sus planes preservarlo ni rescatarlo de la voracidad de los empresarios capitalistas. Para las autoridades panistas el patrimonio arquitectónico y artístico de este legendario ex hotel, no tenía ningún valor que les redituara provecho. Sin embargo, en el Casino de la Selva fue donde el turismo y la cultura se hicieron compatibles en un sincretismo sublime, impulsado por la visión de Don Manuel Suárez y Suárez, magnate que eligió Cuernavaca para construir, sobre una zona arqueológica olmeca, el Hotel Casino de la Selva, uno de los mejores hoteles de México en las décadas de los 50, 60 y 70 del siglo XX y que llegó a ser famoso internacionalmente por su diversidad de servicios turísticos y culturales, y por su tonificante clima.

En 1994 el Casino de la Selva ya no era rentable para sus dueños y se había convertido en un elefante blanco difícil de mantener; por tal motivo los hermanos Marcos Manuel, Alfredo y Lilia Suárez lo pusieron a la venta. Fue un consorcio de la familia Martínez Güitrón, denominado Sidek-Situr, quien le llegó al preció y los Suárez lo vendieron al mejor postor. Los nuevos dueños fueron propietarios del ex Casino hasta el año 2000, lapso de seis años en que permaneció fuera de servicio y en el abandono. Justo al iniciar el año 2001, la Sidek-Situr se deshizo del ex Casino porque lo dio en pago a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público por una deuda fiscal y esta dependencia del gobierno federal aceptó el ex Casino como pago en especie para saldar la deuda. Posteriormente, tres meses después, la Tesorería de la Federación, a través del instrumento ejecutor FIDELIQ, lo puso a remate a un precio de 10 millones de dólares. En las siguientes semanas la empresa COSTCO-Comercial Mexicana lo compró; se confirmó que la citada cantidad pagada fue en realidad la mitad de lo que valía el predio. Es decir, la compra venta del casino fue una ganga, porque la Tesorería de la Federación lo vendió como terreno, ya que en el proceso de avalúo se estipuló que el acervo arquitectónico y artístico del ex Casino era completamente nulo.

Como pueden ver, mientras el ex Casino estuvo tres meses en posesión de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, este ex hotel fue propiedad de la nación; durante este corto lapso de tiempo es cuando el pueblo tuvo el legítimo derecho de exigirlo en cesión para utilidad pública, y si el pueblo lo hubiera requerido antes de que la Tesorería de la Federación lo subastara, seguro que el ex Casino hubiera pasado a ser bien público, es decir, se pudo haber convertido en patrimonio de las instancias ciudadanas del ámbito cultural. Pero en esos tres meses no se hizo público el estatus del ex Casino y en el estado de Morelos no se enteraron de esta magnífica oportunidad para apropiárselo. Y a partir de que la Tesorería de la Federación hizo pública la convocatoria de licitación, fue cuando la Opinión Pública en Morelos comenzó a preocuparse por el destino del ex Casino. Mientras tanto, los empresarios interesados en adquirirlo, se apresuraron a comprarlo pagando los 10 millones de dólares, motivo por el cual el ex Casino volvió a ser propiedad privada. Con la ley a su favor, los nuevos dueños procedieron a destruir el ex hotel para construir en su lugar dos mega super tiendas comerciales: Costco y Comercial Mexicana.

El indicado para rescatar y custodiar el ex Casino mientras estuvo en posesión de la SHCP, era el gobernador Sergio Estrada Cajigal Ramírez; él tenía el deber de proceder ipso facto, él debió hacer un convenio de protección para evitar su destrucción. Debió organizar una cruzada para que el estado que gobernaba se quedara con el ex Casino, constituyendo un acuerdo con las siguientes instancias: el Instituto de Cultura de Morelos, la SEP estatal, la delegación del INAH, el Congreso Legislativo de Morelos, los senadores y diputados federales por Morelos, la UAEM, el Ayuntamiento de Cuernavaca, el INBA, el CONACULTA, la SECTUR y organizaciones civiles. Con la presión de estas instancias encabezadas por Sergio Estrada Cajigal Ramírez, se hubiera logrado que el gobierno federal transfiriera el ex Casino al Gobierno del Estado de Morelos. Pero en lugar de organizarse para defender al ex Casino, todos se echaban la bolita unos a otros y algunos se mantuvieron ajenos ante su inminente extinción. Lo peor del caso es que el gobernador apoyó el proyecto de los empresarios capitalistas y favoreció sus intereses dándoles todas las facilidades para echar a andar la construcción de las dos mega super tiendas. Ante esta actitud tendenciosa del gobernador, fue cuando se iniciaron las protestas ciudadanas para impedir que los empresarios capitalistas construyeran los dos mega establecimientos antes citados. El 9 de julio del 2001, con la venia de Sergio Estrada Cajigal Ramírez, el Ayuntamiento de Cuernavaca a través de la Secretaría de Obras Públicas, otorgó a la empresa COSTCO el permiso de demolición del ex Casino y amparados con esta autorización se dio inicio a su destrucción. Fue un proyecto descabellado destruir el ex hotel para construir las mega tiendas. El proceso de compra venta del ex Casino fue inmoral. Su destrucción fue una acción de barbarie y un crimen de lesa humanidad. Por tal motivo las autoridades panistas de los tres niveles de gobierno, pasarán a la historia señalados por una profunda vergüenza e ignominia nacional. Cuando recuerdo el triste final del Hotel Casino de la Selva en el epicentro de una vorágine de intereses, se me apretuja el alma. El Casino representaba la imagen de Cuernavaca ante el mundo.

Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.

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