En 1935, la gran afluencia de turistas que llegaban a Cuernavaca, tanto nacionales como extranjeros demandaban cada vez más infraestructura hotelera. La ciudad se anunciaba como la meca del turismo capitalino y del extranjero. Teníamos un gran número de visitantes debido a la cercanía con la Ciudad de México, por las seguras vías de comunicación que había y por el incomparable clima tropical, que representaba un verdadero oasis de reposo y tranquilidad.

El mismo gobernador del estado señor Refugio Bustamante daba toda clase de garantías para que los visitantes tuvieran una agradable y cómoda estancia.  Existían en Cuernavaca muchas opciones para hospedarse como: el hotel Moctezuma, el Bellavista, el España, el Alemán, el Madrid, el Marik, el Astoria, el Colón y el magnífico Casino de la Selva, entre otros. Sus precios eran entre  $1.50 a $8.00 pesos la noche por habitación, aunque también existían las casas de huéspedes que era una alternativa económica para los viajeros con menos recursos.

El servicio de camiones y carros turismo de la Ciudad de México a Cuernavaca costaban entre $2.50 y $4.00 pesos el viaje redondo, saliendo cada media hora, aunque podían aumentar las corridas los sábados y domingos, según se iba requiriendo.

Ante tanta demanda se tuvieron que crear más opciones de alojamiento. Así pues, el 11 de mayo de ese año de 1935 el periódico “El Nacional” anunciaba la próxima apertura del Hotel Chula Vista, que utilizaba el eslogan “Un sitio que justifica su nombre”, por la magnífica vista que se tenía de la ciudad de Cuernavaca y la exuberante vegetación de las barrancas que lo rodean, la de Analco al oriente y la de Atzingo al poniente. El anuncio afirmaba que era para: descansar, divertirse, residir y soñar. 

Fue el 15 junio cuando se inauguró el Hotel Chula Vista, con un gran baile al que acudieron numerosas personalidades de la sociedad cuernavacense, entre ellos se encontraba el entonces diputado, coronel Carlos Riva Palacio y señora, (quien había sido el principal promotor para la creación de este hotel), el gobernador del estado Refugio Bustamante, el Ing. Modesto C. Rolland y señora, Don Adrian Lajous y señora, Don Antonio Ayub y señora, el Ing. Vicente Almada y señora, Don Joaquín Lemmus cónsul de Bélgica y su esposa, entre muchos otros. 

El Chula Vista se construyó al poniente de Cuernavaca, en un sitio sumamente pintoresco, al sur del pueblo de San Antón y ese día, para su inauguración, no había sido arreglado con adornos especiales, la sola belleza arquitectónica del lugar era el marco suficiente para esa celebración.

El baile inaugural dio inicio a las 9 de la noche y fue amenizado por el “flaco de oro” Agustín Lara, acompañado por Don Pedro Vargas y las hermanas Águila, y a la media noche fue servida una espléndida cena.

En ese momento el Chula Vista se colocó como uno de los hoteles más grandes y suntuosos del país. Contaba con 130 habitaciones, alberca con trampolín, salones de billares y boliche, salón de música y un gran comedor decorado con candelabros traídos de Polonia, así como amplios corredores y terrazas. 

La obra fue realizada por uno de los ingenieros más destacados de principios del siglo XX, Modesto C. Rolland, quien ya había realizado importantes obras en diferentes partes del país.

Rollad nació en La Paz, Baja California el 15 de junio de 1881, y estudió ingeniería durante el porfiriato, fue precursor de iniciativas y proyectos que hoy forman parte de la riqueza cultural material de nuestro país.  En 1909 fue fundador del Centro Nacional Antireeleccionista que apoyaría la candidatura de Francisco I. Madero a la presidencia de la República. 

Rolland entre 1920 y 1924 colaboró con el gobierno de Álvaro Obregón como presidente de la Comisión Nacional Agraria, que fijó la extensión de las dotaciones ejidales. Escribió notables trabajos. Difundió avanzados conocimientos de ingeniería y construyó grandes obras como: El primer muelle de concreto para la terminal de petróleos de Puerto Progreso, Yucatán, en 1915, el acueducto Xochimilco-México que proveyó de agua a la capital en 1922. Edificó en 1925 el espectacular y emblemático Estadio Xalapeño, con un techo volado de más de 3,000 m² para la gradería del estadio, asombrosa obra de ingeniería para esa época, y que aún existe en la ciudad de Xalapa, Veracruz, inclusive, en 2014 fue escenario de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Por último, no puedo dejar de mencionar su más grande obra, la Monumental Plaza de Toros México, con capacidad para 50 mil espectadores, la más grande del mundo, inaugurada el 5 de febrero de 1946. 

Rolland murió en su rancho de La Santa Margarita, en Córdoba, Veracruz, el 17 de mayo de 1965. Esta fue solamente una pequeña semblanza de la gran obra de este talentoso Ingeniero mexicano, quien fuera el constructor del Hotel Chula Vista de Cuernavaca.

Continuará…  

Por: Valentín López G. Aranda / valentinlopezga@gmail.com


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