Es de sobra conocida la predilección que Hernán Cortés tuvo por el territorio que hoy conforma el Estado de Morelos, incluso no es exagerado asegurar que compartió con los vencidos la firme creencia de que estas tierras eran un paraíso terrenal, el “Tamoanchan” de la rica mitología del México antiguo. Cortés a su vez tuvo en la vieja Cuauhnahuac muchos apegos, por un lado, fue escenario de una vibrante victoria militar al tomar el Altepetl de los tlahuicas el 13 de abril de 1521, cuando con su caballo logra cruzar de un salto la barranca en el paraje después conocido como puente del diablo o “Telpochhuehueco” (el viejo siempre joven).

Pero también fue escenario de una de sus más exitosas faenas en su faceta de emprendedor al instalar el primer ingenio azucarero de tierra firme americana, el de Axomulco en Tlaltenango. al norte de Cuernavaca. 

Al consumarse la conquista, Carlos I de España y V de Alemania, estuvo cierto de los méritos del extremeño, la conquista de Imperio Mexica detonaba a su vez la consolidación del Imperio Español, sin embargo, el avezado monarca no tuvo confianza absoluta en Cortés, sabia de sus ambiciones, y si bien no lo hizo Virrey de la Nueva España como hubiera sido lógico, si lo recompensó colmándolo de honores y privilegios al ennoblecerlo al hacerlo Marques del Valle de Oaxaca. Los señalamientos y rumores de que Cortés atesoró la idea de independizar a la Nueva España de la metrópoli y la posterior rebelión de sus hijos en 1566 dan cuenta de que Carlos V no estuvo tan equivocado.

El conquistador tuvo que desterrar la idea de habitar el antiguo palacio de Moctezuma Xocoyotzin convertido en austero palacio virreinal pero tampoco se pudo quejar, con las prebendas que le correspondían como Marques del Valle de Oaxaca se hizo amo y señor de infinitas extensiones de tierra en los territorios que hoy forman parte de Morelos, Estado de México, Michoacán, Oaxaca y Veracruz. Entonces mando levantar en 1529, una imponente y señorial casona de piedra en Cuernavaca la villa que fundó sobre las ruinas de Cuauhnahuac. La edificación de asombrosa similitud con el Palacio Virreinal de Diego Colón en Santo Domingo ha sido llamado a partir de entonces “Palacio de Cortés” es una de las edificaciones civiles más antigua de américa continental, y ahí estableció no solo la cabecera de su rico y extenso marquesado sino a su familia lo cual dio de nueva cuenta constancia de la preferencia de Cortés por Cuernavaca. Su esposa la prominente noble Juana de Zúñiga y Ramírez de Arellano ahí vivió y dio luz a su prole, entre ellos al afamado Martín Cortés Zúñiga, segundo Marques del Valle de Oaxaca y cabeza de la rebelión de criollos en 1566. Pero Doña Juana, una mujer bella por fuera y por dentro no se limitó a disfrutar de las bondades del clima y de su palacio construido sobre un teocalli y con una vista privilegiada hacia los volcanes, sino fue a su vez la decidida y generosa mecenas de la iglesia y convento de la Asunción de María que levantaron los franciscanos a poca distancia del palacio. Esto último sin duda significó que el acervo artístico de la mencionada iglesia, sea más digno de una catedral que de una parroquia.

El marquesado fue reforzado por la figura del mayorazgo el cual garantizaba no solo las propiedades urbanas, rurales y los vasallos al marqués, sino también la sucesión de título y sus privilegios a sus sucesores de preferencia al primogénito masculino. El marques fue entonces amo de tierras y vidas pues tuvo incluso la facultad de nombrar a funcionarios civiles y de justicia en sus extensos territorios. Sin embargo, Cortés no pudo disfrutar plenamente de estas extraordinarias prebendas y poderes pues tuvo que volver a España a defenderse de sus enemigos y a no perder el favor del rey, así estuvo hasta que la muerte lo sorprendió el 2 de diciembre de 1547 en la localidad castellana de Castilleja de la Cuesta.

El marquesado era prácticamente una institución feudal y en la corte española no lo pasaron por alto, ya muerto Cortés implementaron “Las Leyes Nuevas” con la finalidad de acotar el poder de los hijos del extremeño, particularmente de Martín el segundo marques así como de otros hijos de conquistadores, esta primera generación de criollos sintió que tenían un derecho de sangre para heredar lo que sus padres conquistaron en 1521 , se levantaron en armas en el primer golpe de estado en estas tierras en 1566, pero la corona no lo toleró y reprimió la insurrección con fuerza, nunca sabremos a ciencia cierta si Martín el segundo marques, solo buscaba mantener sus privilegios o si también albergo la idea de ser rey de la Nueva España independiente de la península.

Con el paso del tiempo el marquesado fue perdiendo fuerza e influencia a lo largo del virreinato, esto también se tradujo en la reducción de su inmensa extensión territorial, al final la sucesión de Cortés derivo en los Pignatelli, familia italiana que aun subsiste. En el siglo XIX los Pignatelli designaron a Don Lucas Alamán como su administrador, al cancelarse las rentas por parte del estado mexicano vendieron sus propiedades, pero en las primeras décadas doy el siglo XX aun conservaban algunas de ellas como la Hacienda de Atlacomulco en Jiutepec. La Corona española aun reconoce los títulos de los Pignatelli como herederos de Cortés, y del otrora poderoso marquesado hoy quedan como recuerdo sus escudos, los libros de historia y el centenario Palacio de Cortés en Cuernavaca hoy sede del Museo Regional Cuauhnahuac.

Por: Roberto Abe Camil  / opinion@diariodemorelos.com


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