Este 19 de octubre marca el inicio oficial de la temporada del afamado Mole de Caderas en el estado de Puebla. La noticia trascendental es que, a partir de este momento, este exquisito platillo, arraigado en el corazón del Valle de Tehuacán, ha sido declarado Patrimonio Cultural Intangible de Puebla, según el decreto publicado este miércoles 18 de octubre en el Periódico Oficial del Estado.
La distinción otorgada destaca la festividad étnica del Valle de Tehuacán por su profundo valor cultural, histórico y tradicional. El Mole de Caderas, elaborado minuciosamente con carne de chivo, emerge como un emblema culinario que encarna los valores fundamentales de la cocina poblana.

La receta, transmitida de generación en generación, incluye el espinazo así como una selección única de chiles y otros ingredientes autóctonos de la región. La Secretaría de Cultura, en colaboración con los ayuntamientos del Valle de Tehuacán y el respaldo de la Secretaría de Turismo de Puebla, asume la responsabilidad de la promoción, difusión y salvaguarda de este tesoro culinario.
Mantener la tradición de la gastronomía poblana
En sintonía con esta declaración, la Secretaría de Cultura deberá diseñar estrategias para preservar la receta y la elaboración original del guisado, con especial atención a las cocineras tradicionales de la región. Este paso se alinea con la propuesta de reforma presentada a principios de año por el ex secretario Sergio Vergara, buscando que diversas manifestaciones culturales, como los moles, el traje típico de China Poblana, el trueque y las danzas regionales, sean reconocidas como Patrimonio Cultural de Puebla.
Desde el punto de vista económico, el Mole de Caderas se erige como un motor significativo. Según la Secretaria de Turismo, Marta Ornelas Guerrero, en el año anterior generó una derrama económica de 75 millones de pesos. Para el presente año, se proyecta que esta cifra supere los 100 millones de pesos.
Con este reconocimiento, la apertura de la temporada del Mole de Caderas no solo despierta el deleite de los paladares, sino que también celebra la riqueza cultural y la tradición arraigada en el Valle de Tehuacán, consolidando su posición como un emblema indiscutible del patrimonio intangible de Puebla.
