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Andrea Brito titubeó ante el micrófono y a punto estuvo de abandonar el propósito. Pero el aplauso de los asistentes y las palabras de ánimo la hicieron superar sus nervios.
Primero, con voz trémula, reconoció que estaba nerviosa y atinó a comentar que hace un año salió del Centro de Atención al Menor (CAM), ahora CASA.
Después, se acordó de lo que a ella le tocó vivir y con desenfado expresó que “¡estaban horribles los baños!
Andrea agregó que ahora, a los niños que le seguirán a ella, les tocará disfrutar de las nuevas instalaciones y los servicios.
Regresó a su experiencia para señalar que a pesar de que ella ya no pertenece al centro, no la han dejado sola a su suerte. Le han dado seguimiento y eso le ha permitido tener un trabajo y dónde vivir.
Orgullosa, refirió que eso le ha permitido crecer y demostrar a su familia que sí pudo salir adelante a pesar de la adversidad que la vida le puso enfrente.
Volvió al momento, para señalar que le sorprende la transformación del centro, tanto que “¡wow!, quisiera regresar”, dijo con una risita que todavía delataba su nerviosismo de estar hablando ante tan amplio público.
Finalmente, agradeció a la presidenta del DIF, Elena Cepeda, por estar siempre pendiente de ella. “Gracias por no abandonarme”, le dijo afecto y sinceridad.

Por Antonieta Sánchez