En TikTok, Instagram y YouTube Shorts circulan miles de videos que prometen soluciones rápidas para problemas cotidianos: limpiar una estufa con un solo ingrediente, curar un resfriado con mezclas caseras o resolver fallas del hogar en segundos. Lo inquietante no es el consejo… es quién lo da.
Cada vez más de estos clips no fueron grabados por personas, sino generados completamente por inteligencia artificial. Avatares digitales, voces sintéticas y escenas animadas explican trucos domésticos con una seguridad absoluta, aunque detrás no exista ninguna experiencia real ni respaldo experto.
La facilidad para crear este tipo de contenido ha provocado una explosión de “consejos caseros” automatizados. Basta escribir una instrucción y la IA genera un video listo para viralizarse. El problema es que la inteligencia artificial no distingue entre un remedio inofensivo y uno potencialmente peligroso.
En temas como limpieza extrema, cuidado de niños, remedios naturales o reparaciones domésticas, los errores pueden ir desde simples fallas hasta accidentes graves. Sin embargo, el formato visual, la narración convincente y la estética pulida generan una falsa sensación de autoridad.
Otro riesgo es la dificultad para identificar que el video fue creado por IA. Para muchos usuarios, el contenido parece real, humano y confiable. Esto debilita la capacidad crítica y normaliza la idea de seguir instrucciones sin cuestionar su origen.
Especialistas advierten que este fenómeno marca una nueva etapa de la desinformación: ya no solo se leen consejos dudosos, ahora se ven ejecutados paso a paso, lo que aumenta la probabilidad de que alguien los imite.
Los videos de consejos caseros hechos con IA no son malos por sí mismos. Pueden ser útiles, creativos y ahorrar tiempo. El verdadero problema surge cuando reemplazan el criterio humano, la experiencia real y la verificación básica.
En la era del contenido automático, el reto ya no es crear información, sino aprender a desconfiar de ella, incluso cuando parece perfecta.
