En un ambiente de fe y unión, artesanos del calzado de se dieron cita en la Catedral de Cuernavaca para conmemorar a San Crispín y San Crispiniano, los santos patronos de los zapateros. Con la esperanza de recibir bendiciones y fortaleza para continuar en su oficio, que enfrenta serios desafíos en la actualidad.
Alrededor de 90 productores de calzado, junto con sus colaboradores, participaron en la Santa Misa dedicada a estos santos.
Uno de los representantes del gremio en Morelos, Javier Beltrán, quien lleva más de 50 años dedicado a la elaboración de calzado, expresó la difícil situación que atraviesan los artesanos desde la pandemia de COVID-19. Según Beltrán, los efectos económicos de la pandemia en 2020 provocaron una drástica caída en las ventas de productos artesanales que aún no ha logrado superarse por completo.
“La pandemia nos golpeó muy fuerte, y aunque hemos intentado recuperarnos, las ventas no han vuelto a ser las mismas”, comentó.
La situación es especialmente preocupante para los productores que operan en la zona metropolitana de Morelos, donde la competencia con grandes empresas y corporaciones dificulta aún más la supervivencia de los talleres. Como resultado, muchos pequeños talleres han tenido que cerrar sus puertas o reducir su personal para subsistir. Frente a este panorama, los zapateros hicieron un llamado a las autoridades, solicitando apoyo y mejores condiciones para continuar con su labor artesanal. La falta de incentivos y políticas que promuevan el consumo de productos locales se ha convertido en un obstáculo que amenaza la continuidad de un oficio con gran tradición en la región.
Además de la competencia con grandes marcas, los artesanos han enfrentado un incremento considerable en los costos de producción. Los trabajadores de Sandalias Gely, un fabricante de calzado con 35 años de historia en Cuernavaca, señalaron que desde el pasado mes de julio han experimentado una reducción del 50% en sus ventas. Por si fuera poco, el costo de los materiales se ha elevado aproximadamente un 20%, un golpe adicional para los pequeños productores que buscan mantenerse a flote.
Pese a estos obstáculos, los artesanos de Morelos han mostrado su resistencia y compromiso con el oficio. Los productos que fabrican, incluyendo zapatos, huaraches y sandalias, siguen viajando a diferentes partes de México, llevando consigo el sello artesanal y la calidad que caracteriza a los fabricantes locales.
Sin embargo, los productores reconocen que la situación se torna cada vez más crítica y que la ayuda externa es fundamental para que puedan seguir trabajando y compitiendo en el mercado actual.
Respecto al festejo de los santos San Crispín y San Crispiniano. Según la iglesia católica ambos nacieron en el siglo III en Roma y se dedicaron a evangelizar en Francia, donde trabajaban como zapateros para ganarse la vida mientras difundían la fe cristiana.
Los hermanos realizaban su labor de día y de noche atendían a los pobres, regalándoles calzado. Su fe y generosidad les hicieron ganar muchos seguidores, pero también atrajeron la atención de las autoridades romanas, que los perseguían por su fe cristiana. Fueron arrestados y sometidos a torturas bajo el mandato del emperador Diocleciano. Sin embargo, su devoción no flaqueó, y finalmente, ambos fueron decapitados, alcanzando la santidad como mártires.
Cada 25 de octubre, San Crispín y San Crispiniano son recordados por su dedicación, humildad y valentía, siendo venerados especialmente por los zapateros.
