Puyazo: ¡Funcionarios abyectos..! En los actuales tiempos, con eso de que el quehacer político en las altas esferas del Gobierno tiene ahora tanta similitud con los tiempos priístas, por los presuntos megapoderes que parece tener allá Andrés Manuel López Obrador, vuelve a ser vigente aquella anécdota que se hizo famosa para significar la sumisión de los genuflexos ante el todopoderoso gubernamental en turno del Siglo pasado, de quienes contaban los cuenteros, que el mero-mero con toda supremacía preguntaban al primero que se encontraba: ¿ Qué horas son..? Y la respuesta era inmediata y sin titubeos: ¡Las que Usted diga, Señor Presidente..! Anécdotas como ésta abundaban y muchas parecen hoy revivir, como aquella que narró el significado periodista y escritor de novelas con tintes políticos, Luis Spota, una de las cuales traemos a colación por lo que recientemente pasó el domingo 24 de febrero, Día de la Bandera, en la Plaza de Armas de la Capital del Estado… Spota, en su obra Casi el Paraíso, narra la imaginaria o real historia de un Chamaco napolitano hijo de una prostituta y abandonado por su Padre, quien fue adoptado por un poderoso Sujeto que al ver el crecimiento del Efebo, no sólo observó y ponderó sus virtudes mentales y el atractivo físico, sino que lo impulsó y hasta le otorgó un ficticio título de nobleza al nombrarlo: Príncipe Hugo Conti… Al tiempo, el falso noble llegó a la Capital Mexicana, transitó por Acapulco y otros lugares donde tuvo encuentros sociales al por mayor, con los que acá se sentían de la alta sociedad y hasta algunos se decían nobles, entre los cuales no faltaron los políticos ambiciosos como Adolfo Rondia, así nombrado por el Autor de la novela, quien fuera en ese tiempo el Administrador del Ingenio Emiliano Zapata de Zacatepec… Este personaje al amparo de la riqueza mal habida y la protección del Gobierno de los tiempos priístas en las décadas de los 50’s y 60’s del Siglo Veinte, tenía una Hija de no buen ver, que a como diera lugar pretendió ensartarle al dizque Príncipe, en ánimo de que ella fuera parte de la nobleza y como consecuencia, que a él le pudiera rebotar algún beneficio igual… Cierta vez en la Ciudad de México, se convocó por los rumbos pomposos de Polanco alguna convivencia de la elite social a la que fue invitado el príncipe  Hugo Conti, quien en algún momento compartía sentado en alguna sala con otros que lo adulaban y asediaban, nada más por el ser noble, estar cerca de él… Adolfo Rondia, padre de la no agraciada Chica, se acercó al grupo y observó que el tal Príncipe llevaba puesto un calcetín de un color y el otro de otro, ante lo cual en forma zalamera le pidió ser escuchado en privado, pero el hastiado Hugo, que ya estaba hasta el gorro del político Rondia, se mantuvo en su lugar y simplemente le dijo: “¡Dígame lo que tenga que decirme, para mis amigos no tengo secretos..!” Tratando con ello de halagar a los presentes ante Rondia, por ser el encachador de su Hija para tratar de casarla con el Italiano, por lo cual no le quedó de otra al balbuceante político quien sumiso expresó: ¡Señor Príncipe, trae Usted calcetines de distinto color..! Sin inmutarse el vivales Hugo, simplemente le contestó en ánimo de que se fuera: ¡No se preocupe, esta es la moda entre los nobles de mi Tierra..! ¡Al día siguiente, casi todos los ricachones, los de la socialité mexicana y los de la rancia nobleza acá avecindada, portaban un calcetín de un color y otro de otro..! ¡Cuánta desvergüenza..! Lo anterior lo trajimos a colación según lo recordamos, porque en efecto, el domingo 24 de febrero, Día de la Bandera… Con motivo de los honores a nuestro Lábaro Patrio, los invitados asistentes, entre funcionarios, representantes de organizaciones y algunos de la Iniciativa Privada, esperaban con anticipación y paciencia que iniciará la Ceremonia Oficial, por nuestra Enseña Patria… Casi todos llegaron trajeados o de saco y corbata; muchas de ellas con su vestuario de traje sastre, propio para distinguirse en la ocasión… El Mandatario llegó  bajo el sol y calor mañanero cuernavacense, en mangas de camisa y ésta desfajada… Más que pronto todos los que pudieron se quitaron la corbata y el saco para tratar de quedar a la par con el gobernante… ¡Cuánta razón tuvo Luis Spota por todos los abyectos de ese entonces, que ahora nos hizo recordar al Príncipe! ¡Hasta mañana que será un día más..!

 

Por: Pablo Rubén Villalobos

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