De los pocos que damos, algunos hemos mantenido, por fortuna, la gran oportunidad de reunirnos periódicamente varias veces al año, en ánimo de recordar, convivir y compartir hechos actuales.

Luego de que en 1960-1961 estudiamos nuestra Preparatoria en el Bachillerato Nocturno de la Universidad de Morelos, entonces no Autónoma, ubicada en el bello edificio que se encuentra en la Avenida Morelos junto a la iglesia de Guadalupe casi enfrente del Cine Teatro Morelos. 64 años han transitado y se cumplirán el próximo mes de noviembre, cuando más de 60 preparatorianos que conformamos nuestra generación concluimos ese grato grado de estudios como bachilleres.

Ya para entonces la coeducación de ellas y ellos para poder estudiar juntos en el mismo salón se podía realizar luego de que en 1957 el Sistema Coeducativo Nacional dio su alumbramiento en las aulas de la Escuela Nacional de Maestros, donde este “experimento” resultó todo un éxito entre los alumnos que ahí estudiamos la carrera para ser profesoras y profesores que yo terminé en 1958. Acá en la ‘Prepa’ cómo recuerdo a tantos compañeros, muchos de los cuales ya han partido como el Dr. Antonio Rodríguez, la Lic. Bertha Yáñez, el Lic. Arturo Vázquez Rojas, mi buen y gran amigo Rafael Chavaje Marquina; mis compadres Carlos Rodríguez Hernández y Carlos Marín Gutiérrez; el Lic. Cesáreo Osmar Medina, el contador Mario Saavedra.

Junto con ellos otros más que parcialmente recuerdo sus nombres y otros olvidados.

El caso es que al término de la semana anterior nos pudimos congregar varios de los compañeros para disfrutar de un suculento almuerzo, una excelente charla y un buen brindis porque a final de cuentas nadie se quería ir de la reunión, que conste, todos somos octogenarios y ahí estuvimos por la convocatoria que hicimos la siempre inquieta contadora Elvia Alanís Trujillo acompañada de su esposo el Capitán Flavio Armando Rivera; con todas sus dolencias el doctor Erick Estévez Herrera con la amable compañía de la significada enfermera Alicia -Licha- Herrera; el siempre atento y juguetón en nuestras expresiones el Maestro Edmundo Sandoval Ochoa bien apoyado por su generosa esposa, Cecilia Bernardette Zahm Quinowski -Benny-; desde luego los siempre gratos ‘compas’ el Maestro Jorge Macías Lepe (¡ah cómo me hace recordar al inolvidable e histórico Mariachi Macías de Cuernavaca que inició en Catedral los cánticos de la Misa Panamericana con el obispo Sergio Méndez Arceo), y el contador Javier Díaz del Castillo, quien a lo largo de estos 64 años se ha significado por su constante esfuerzo para convocarnos y mantener nuestras reuniones y presencia.

Ahí estuvimos como anfitriones mi esposa, Laura Toledo, y este escribano Pablo Rubén Villalobos. Debo significar el esfuerzo de Elvia Alanís y Flavio su esposo para conciliar el vehículo de transportación bien conducido por el chofer Manuel, quien llevó a todos nuestros invitados desde Cuernavaca hasta Mazatepec con horario puntual de salida y de llegada al punto de reunión. Elvia nuestra grata compañera, tuvo el tino junto con su esposo de pasar a la casa de Erick Estévez para apoyar su transportación como consecuencia de la postración en que se encuentra; Erick lo reconoció, agradeció, festejó y hasta celebró con un trago con todos nosotros, al final de ese bello encuentro…

De retorno, el chofer Manuel tuvo el cuidado de llevar a su domicilio a cada uno de sus pasajeros. El almuerzo fue sabroso; ¡todos repetimos plato! entre las chilacas con crema, el huevo enjitomatado, los tlacoyos de frijol o requesón, las quesadillas de flor de calabaza, las tortillas hechas a mano ‘saliditas del comal’ y la sabrosísima salsa, todo ricamente preparado por nuestra asistente, la señora Reyna Diego Laureano de Coatetelco y el amable apoyo de la Maestra Lupita y su hermana la Psicóloga Dannette Moreno Ávila… ¡Qué manjar…!

Al término, tras un breve recorrido por el espacio de nuestro oasis en Mazatepec, nos fuimos a un agradable rincón donde la charla se prolongó bajo la sombra de un bello huaje y un agradable brindis con mezcal, tequila, ron y la media botella de Coñac que llevó Javier y se acabó.

En el ínterin, hubo una llamada hasta Oaxaca con nuestra grata compañera Blanca Rosa Ramos Garrido, quien tuvo ‘envidia de la buena’ por no poder estar en esa reunión.

Las expresiones de reconocimiento y gratitud coincidieron en reconocer lo que en líneas arriba he significado por esta grata reunión, atenciones, alimentos y ‘el buen trago’.

Por poco se me olvida, que antes del brindis el inquieto Edmundo Sandoval se recargó más de la cuenta en su silla, se fue de espalda y tuvimos que levantarlo con mucho cuidado y trabajo por sus penurias físicas, pero no se lastimó, gracias a Dios… ¡Y también gracias al Señor por nuestra reunión! ¡Hasta mañana que será un día más!

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