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Los afi­cio­na­dos al fut­bol en nues­tro país, ama­ne­ci­mos cru­dos este lunes. Pro­fundo dolor de cabeza, nau­sea, falta de orien­ta­ción, deli­rio de per­se­cu­ción y una sed ende­mo­niada, dado que el equipo tri­co­lor quedó fuera del Mun­dial en esta ronda.

Ante un esta­dio Azteca ple­tó­rico, los ves­ti­dos de verde acu­die­ron a su cita con el des­tino: una poten­cia como Ingla­te­rra.

Octa­vos de Final, último par­tido de los que, gra­cio­sa­mente, la FIFA nos con­ce­dió y la posi­bi­li­dad de rees­cri­bir una his­to­ria pla­gada de “ya meri­tos”.

México venía de jugar un estu­pendo pri­mer lapso ante Ecua­dor y a los bri­tá­ni­cos se le habían indi­ges­tado los repre­sen­tan­tes de la Repú­blica Demo­crá­tica del Congo.

Solo la capa­ci­dad y lide­razgo de su capi­tán, Harry Kane, los salvó de un desas­tre.

Por ello, había opti­mismo y se salió a pelear al tú por tú.

Javier Agui­rre había dicho en la con­fe­ren­cia de prensa pre­via al juego: “tene­mos que hacer un par­tido casi per­fecto”, lo cual, a decir ver­dad, no suce­dió.

Las cla­ses socia­les exis­ten en el balom­pié y el “equipo de la rosa” es de otro nivel.

Del encuen­tro “gana­ble” a la decep­ción, media­ron más de noventa minu­tos y el come­ter erro­res cos­to­sos en defensa, frente a un rival con alto grado de leta­li­dad.

La selec­ción llegó a la cita mun­dia­lista con bas­tan­tes más dudas que cer­te­zas.

El Grupo que tocó en el sor­teo fue sobre valo­rado, lle­gando incluso a temer un “pape­lón”.

Sudá­frica, aun­que logró pasar, demos­tró un triste nivel, com­pa­rado con los demás cua­dros afri­ca­nos; una Corea lamen­ta­ble, donde el Tri jugó su peor fut­bol, recom­pen­sado con un gro­sero error del meta asiá­tico y una Che­quia ino­cente y pri­ma­ria.

Ya se habló del juego ante Ecua­dor, que tam­poco resultó exi­gente.

Cuando se marca tan mal, no se apro­ve­cha que el rival se queda con diez y la apuesta es meter tres cen­tros delan­te­ros, para com­pe­tir por arriba con quie­nes mejor lo saben hacer, el colo­fón es pre­de­ci­ble.

Javier Agui­rre logró recon­ci­liar a este grupo de fut­bo­lis­tas con su afi­ción y eso, no es poca cosa.

Los fes­te­jos, algu­nos incluso peli­gro­sos por des­me­di­dos, evi­den­cia­ron la enorme feli­ci­dad que las vic­to­rias tra­je­ron con­sigo.

Por todos los rin­co­nes del país, el grito de “México, México”, retumbó.

Ter­minó el sueño y tam­bién el Mun­dial en suelo patrio. Sabía­mos que, aun­que se avan­zara, el siguiente par­tido sería en Miami y de ahí, pa´l real.

Ya ni siquiera quedó el con­suelo de vol­carse con Bra­sil, como suce­dió en el 70 y el 86, ya que la verde-ama­relha corrió la misma suerte, solo que más tem­prano, a manos de Noruega y un depre­da­dor como Erling Haa­land.

Hay una base suma­mente inte­re­sante de juga­do­res jóve­nes, algu­nos de ellos ya pala­dea­ron estar en un Mun­dial.

Nom­bres como Brian Gutié­rrez, Armando Gon­zá­lez, San­tiago Gimé­nez, Gil­berto Mora, serán apun­ta­la­dos por los Erick Lira, Jesús Gallardo, Luís Romo, Roberto Alva­rado y capi­ta­nea­dos por el “Kai­ser” Rafael Már­quez.

El futuro parece pro­mi­so­rio, aun­que en temas admi­nis­tra­ti­vos hay toda­vía mucho por hacer. Hoy fue un…triste des­per­tar.

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Sobre el autor

Arturo Brizio Carter
Arturo Brizio

Analista Deportivo y Conferencista

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