El pasado domingo se jugaron dos encuentros definitivos dentro del balompié nacional.
En uno, dentro de esa vacilada reglamentaria, llamada pomposamente “Play-in”, buscaron al octavo pasajero, que entraría a la Liguilla.
Los protagonistas de esta serie fueron Juárez y Pachuca.
El otro capítulo fue la Gran Final del futbol femenil y acá la cosa si estuvo seria.
Pero vámonos con tiento, santos varones, que el Cristo está apolillado, decían los viejos de la comarca.
Bravos y Tuzos protagonizaron una contienda de barrio bajo, con patadas, trompadas, trampa y todo lo que no desearíamos ver en un terreno de juego.
Para ello, contaron con la complicidad de un juez carente de criterio y concentración, unos asistentes poco colaborativos y un VAR que no entendió nunca su función.
No ver una falta nítida, que precedió el primer gol fronterizo, expulsar a un jugador, Brian García, por una provocación y dejar en la cancha a quién inició el sainete, el colombiano Oscar Estupiñán e invalidar el tercer gol de los locales por una supuesta falta previa, redondearon un trabajo muy cercano al desastre.
He manifestado que el futbol mexicano no es violento, pero sí, tremendamente indisciplinado.
El juego terminó como se temía, con gritos, empujones y un par de tarjetas rojas, tardías a mi entender.
La calentura hidalguense puede entenderse, lo increíble fue que los ganadores se engancharan, con el riesgo de perder jugadores para su próxima llave, nada más ante el súper líder y actual monarca, el Toluca.
Como afortunadamente existen las clases sociales, hasta entre los perros hay razas y la basura se separa y se recicla, pudimos presenciar un agarrón entre dos equipazos, allá en el “Volcán”, ubicado en San Nicolás de los Garza.
Tigres y América ya nos habían regalado emociones a granel en el juego de ida.
Las Águilas ganaban tres a cero y fueron alcanzadas por unas Amazonas bravías y que no dieron un balón por perdido.
En la vuelta, un error defensivo fue aprovechado por la delantera Diana Ordóñez y ahí se fraguó la victoria felina.
Por séptima ocasión levantaron el trofeo que las acredita como la mejor institución, en esta modalidad del balompié azteca.
Las azulcrema jamás dejaron de luchar pese a verse en inferioridad numérica, por la expulsión de Nancy Antonio, tras una patada en el rostro de Jenni Hermoso, pegando dos tiros en los postes.
Mención aparte merece el estupendo trabajo de la árbitra Francia María González.
La nacida en Irapuato, hace 39 años, dejó constancia de su calidad, buena conducción, apreciación de faltas y certero manejo de las cartulinas, tanto preventivas como definitivas.
No es una jueza que tenga grandes desplazamientos o que realice un desgaste importante, pero se coloca muy bien y las jugadas trascendentes, las capta de un muy buen ángulo.
Vaya una felicitación a las Amazonas y a la Presidenta de la Liga, Mariana Gutiérrez.
Indudablemente, entre uno y otro producto…¡vaya diferencia!
