El mercado de piernas en el futbol mexicano tiene rato estancado. Quizá el último extranjero de jerarquía y que ha hecho en su club mucho más de lo que se esperaba sea André Pierre Gignac.
Sin embargo, los jilgueros televisivos, radiofónicos, de redes sociales o prensa escrita se empeñan a cada paso en señalar un fichaje como “bomba”, lo que demuestra que a cualquier taco le llaman cena.
Recuerdo en mi niñez haber visto jugar a Edvaldo Izidio Neto, Vavá, bicampeón del mundo con Brasil. En el estadio “pirata” Fuente, jugando el Veracruz, fui testigo de un hermoso cobro de tiro libre ejecutado por Waldir Pereyra “Didí”, creador de la “hoja seca”, por el efecto que le imprimía a la pelota.
Grandes figuras procedentes de Chile llegaron en los 70´s como Carlos Reinoso, Roberto Hodge, Pedro Araya, Alberto Quintano, Oswaldo “pata bendita” Castro, mientras el arco de Cruz Azul era encomendado al “supermán” Miguel Marín.
La “pantera negra” Eusebio da Silva vino al Monterrey procedente de su natal Portugal allá por 1975, casi diez años después de haber cautivado al orbe en el Mundial de Inglaterra.
Luego del fracaso del tricolor en Argentina 78, donde nuestros héroes de cortos calzoncillos y largos sueldos quedaran en último lugar, para intentar paliar los catastróficos efectos de la decepción, el América trajo al que, para la crítica, había sido el mejor jugador del Mundial: José Dirceu Guimaraes.
El Atlante de principios de los 80 trajo a dos figurones: Grzegors Lato, delantero polaco y al inconmensurable Rubén “ratón” Ayala, crack argentino.
Más para acá jugó con las Águilas del América, Claudio “piojo” López, a Neza vino José Roberto Gama “Bebeto” y en Querétaro gozamos de las travesuras, dentro y fuera de la cancha del gran Ronaldinho.
Me gustaría que usted, amable lector de Diario de Morelos, se uniera a este ejercicio recordatorio de aquellas grandes figuras que han desfilado por el balompié nacional.
Pues ahora resulta que el gran importador de figuras y actual campeón del futbol mexicano, presume como un gran refuerzo a Cristian Calderón, mejor conocido en el bajo mundo como el “chicote”.
Una falacia es un razonamiento incorrecto que parece válido. La Real Academia de la Lengua Española la define como engaño, fraude, falsedad, mentira, calumnia, embuste y dolo.
América está en todo su derecho de traer a quién le plazca. Lo que resulta falaz son los motivos por los que se hacen de los ¿servicios?, de este jugador proveniente del odiado rival, a una posición que está más que cubierta, que será un tapón para la carrera de sus canteranos y con un pasado plagado de indisciplina y poco compromiso.
¿Qué lo trajeron por ser gratis? Otra mentira. Que no hayan desembolsado por su traspaso es una cosa y lo que vaya a cobrar es otra.
Hace mucho, a madrazos, aprendí que nada en la vida es gratis. Aquel que le quiera vender eso, estará incurriendo en… una falacia.
