Cuando asista usted a un acto público y el orador en turno arranque su discurso con un “seré breve”, ¡agárrese de los brazos del sillón y apoltrone sus nachitas, por que la cosa va para muy, muy largo!

Lo mismo sucede en el futbol cuando, en la conferencia de prensa, un entrenador empieza diciendo: “no me gusta hablar del arbitraje, pero…”y se va como hilo de media, criticando la labor del silbante, situación que se presenta casi siempre, cuando su equipo resultó derrotado.

Ser director técnico de un equipo, significa mucho más que entrenarlo. Debe erigirse en líder, maestro, ejemplo y entender la filosofía de la institución que representa.

Los arranques verbales producto de la iracundia no son privativos de alguna Liga en particular.

Ahí está el caso, frecuentemente citado, de José Mourinho, cliente asiduo de los comités disciplinarios y de las cajas registradoras de las federaciones donde ha dirigido.

En México, la moda de “sentir los colores” y manotear, gritar y casi meterse a la cancha, la inauguraron Don Carlos Miloc y Antonio “Tota” Carbajal.

Don Ignacio Trelles cometía todo tipo de tropelías en el banco, como aventar balones al terreno de juego o demorar la reanudación cuando era expulsado.

Esto viene al caso por dos sucesos que involucran a estrategas de clubes sumamente populares, cuyo comportamiento no ha sido, digamos, pulcro.

André Jardine, cabeza del cuerpo técnico americanista, se queja de una dura falta que provocó la fractura del joven Alan Cervantes y de un posible penal, en su juego ante Pachuca.

La lesión de su jugador es absolutamente fortuita. Es él quién contacta con la pierna de su adversario y se produce, desgraciadamente, el desafortunado desenlace.

En el evidente jalón de camiseta sobre Diego Valdés, el reglamento actual señala que este tipo de acciones, deben tener una consecuencia con el juego.

Diego no tenía ni la menor oportunidad de ir o jugar el balón.

El otro caso involucra a Efraín Juárez, custodio de la banca de los Pumas.

En su desafío ante Cruz Azul se hace expulsar de manera absurda, discutiendo con el silbante una jugada de rutina. Sus auxiliares tampoco tuvieron un buen comportamiento, por lo que se fueron a bañar temprano.

A media semana, dentro del duelo de Concachampions, Juárez incurrió en esos festejos desmesurados, que le valieron fuertes sanciones en Colombia.

Si cree que de esta manera motiva a sus pupilos, considero que está totalmente equivocado. Una cosa es la intensidad, siempre bienvenida y otra que el equipo se convierta en una pandilla desordenada, con protestas y actitudes retadoras ante el silbante.

Si eso es una indicación de vestidor, la van a pasar mal en caso de llegar a la postemporada.

El tricampeón y el cuadro representante de nuestra Máxima Casa de Estudios deben estar muy por encima de quien se siente en el banquillo.

Por ello, no se puede ni debe permitir que sus titulares, se comporten…sin mesura.

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