Ya he comentado con usted, amable lector de Diario de Morelos, que el reglamento del futbol ha sufrido más modificaciones en los últimos cinco años que en los cien anteriores.

Eso no constituye un problema en sí, puesto que los aires de cambio y las adecuaciones deberían siempre ser bienvenidas.

El órgano encargado de redactar, difundir y modificar las leyes del juego por parte de FIFA se llama International Football Association Board, el IB por sus iniciales.

Durante años velaron por la integridad de los textos, introduciendo pequeños ajustes, pero luego llegó a la presidencia del máximo organismo rector del balompié mundial el Doctor Joao Havelange y los metió en el ropero.

El cargo fue heredado por su sempiterno secretario general, el suizo Joseph Blatter y el encono se agudizó.

Los pocos cambios se hacían en la oficina de Zurich, con la presencia de los miembros del comité de arbitraje y el aval del presidente.

Aún así, se tomaron decisiones coherentes, como impedir que el guardameta tomara el balón con las manos cuando le era cedido con el pie por un compañero.

El impedir, con falta, un avance promisorio también se echó a andar en esa época, conocida falsamente como “regla del último defensor”.

La bronca vino cuando Gianni Infantino sacó del encierro a los miembros del Board, quienes han dado rienda suelta a su imaginación, trastocando los principios de generalidad que deben cobijar cualquier reglamento.

Le metieron mano al Fuera de juego, a la ejecución del penal, se han dado un festín modificando el tema de las faltas y sobre todo, la interpretación inherente a la mano, en fin, como chivos en cristalería.

Los primeros especialistas en el tema deben ser los mentores de jueces, es decir, sus instructores.

A nivel mundial los hay de chile, mole y pozole.

La FEMEXFUT tuvo un gran acierto al contratar al mejor profesor de habla hispana, el chileno Enrique Osses, quién desde hace tres años ha tomado la rienda del adiestramiento académico, teórico y táctico, de los silbantes aztecas.

Por supuesto que los árbitros tienen, por obligación, que ser unos profundos conocedores del reglamento.

Una parte de la mal llamada “familia futbolística” está quedando a deber y gacho en este asunto.

Los narradores, comentaristas y prensa en general hablan del arbitraje con ligereza y desde el balcón de una ignorancia supina.

Sin el menor recato, hacen cera y pabilo de los jueces en cancha y del VAR.

No conocen la autocrítica ni la humildad para reconocer sus yerros, aunque por supuesto hay honrosas excepciones.

Los peores son los dizque “expertos arbitrales” quienes, desde la butaca de su frustración, renuncian al deber de orientar para suscribir agendas personales de odio y rencor.

Una jugada en el Atlas vs América del fin de semana exhibió a casi todo el gremio periodístico. Deberían tomar un curso de actualización reglamentaria. En serio…les urge.

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