Afalta de dos fechas por jugar en el cam­peo­nato mexi­cano de la Pri­mera Divi­sión, el equipo de Mon­te­rrey nau­fraga en la decimo cuarta posi­ción y arit­mé­ti­ca­mente, fuera de toda posi­bi­li­dad de lle­gar a la Ligui­lla.

Los desa­cier­tos vie­nen desde la cabeza, cuando en una absurda com­pe­ten­cia, teñida de envi­dia, con su pai­sano y rival, se hicie­ron con­tra­ta­cio­nes de las lla­ma­das “bomba”, que que­da­ron con­ver­ti­das en tris­tes petar­dos.

Cada que Tigres adqui­ría una figura, Raya­dos res­pon­día con otra adqui­si­ción y de esa manera, gas­ta­ron una for­tuna que se fue al canal del desa­güe.

Un direc­tor téc­nico puede ser el res­pon­sa­ble de una mala ges­tión que desem­bo­que en una pre­ma­tura des­ca­li­fi­ca­ción, pero en este caso, es un rosa­rio de entre­na­do­res a los que la pro­pia afi­ción les ha arran­cado la cabeza.

Desde el ya lejano Aper­tura 2019, en que fue­ron cam­peo­nes de la mano de Anto­nio Moha­med, han des­fi­lado por el ban­qui­llo regio nom­bres de pro­sa­pia, como Javier Agui­rre, Víc­tor Manuel Vuce­tich, Fer­nando Ortiz, Mar­tín Demi­che­lis, Domé­nec Torrent hasta desem­bo­car en el bom­be­razo dis­fra­zado de inte­ri­nato de Nico­lás Sán­chez.

Una plan­ti­lla cuyo costo esti­mado ronda los 65 millo­nes de euros, según Trans­fer­mark, queda fuera de com­pe­ten­cia.

Fíjese usted nada más en los des­fi­gu­ros y adqui­si­cio­nes falli­das.

En el arco tra­je­ron al uru­guayo San­tiago Mele y el titu­lar es Luís “Mochis” Cár­de­nas. Deja­ron ir a Jesús Gallardo, titu­lar indis­cu­ti­ble del tri­co­lor, para dar paso a Gerardo Arteaga, un desas­tre en la late­ral izquierda.

Para com­ple­tar el desas­tre defen­sivo, ¿por qué no?, com­pra­ron del San Luís a Ricardo Chá­vez, de Pachuca a Alonso Ace­ves y res­ca­ta­ron del retiro a un far­sante como Car­los Sal­cedo, apo­dado el “Titán”.

Nomás entre los espa­ño­les Oli­ver Torres y Ser­gio Cana­les, el fran­cés Ant­hony Mar­tial y los argen­ti­nos Lucas Ocam­pos y Luca Ore­llano, suman más de 25 melo­nes de euros. De todos no haces uno.

La prensa en la capi­tal del estado de Nuevo León es terri­ble. Con tal de obte­ner un “like”, son capa­ces de inven­tar, ofen­der, insul­tar y denos­tar a juga­do­res, direc­ti­vos e inte­gran­tes del cuerpo téc­nico.

Dece­nas de seudo perio­dis­tas, ancla­dos en emi­sio­nes radio­fó­ni­cas y tele­vi­si­vas, mar­can la agenda que el afi­cio­nado debe seguir e influ­yen en su cri­te­rio fut­bo­lero.

Y ese mismo público, tiene mucha culpa de lo que pasa en la can­cha.

Capaz de entro­ni­zar a cual­quiera con dos par­ti­dos bue­nos, tam­bién se salen del esta­dio si la cosa no mar­cha como creen que debiera.

Lo ocu­rrido en la última jugada de su reciente par­tido ante Pachuca, es el botón de mues­tra de lo que sucede con este lan­gui­de­ciente equipo.

Per­dían 2 a 1 y se marca una falta en con­tra. Los juga­do­res recla­man al árbi­tro, el rival coloca la pelota en el sitio y “madruga” con pase al com­pa­ñero, quien marca el ter­cer tanto.

Increí­ble que un cua­dro pro­fe­sio­nal se per­mita una dis­trac­ción de ese tamaño y, para colmo, cul­pen al sil­bante.

Con esa estampa nos que­da­mos para cerrar una cam­paña… de lágrima.

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