Ya arrancó, como todos sabemos, el torneo de la cruda. Es decir, el campeonato casero luego de un fracaso del tamaño del mundo, un papelón, un ridículo como el que el balompié nacional, de la mano del señor Gerardo Martino y un grupo de jugadores mediocres y timoratos fueron a hacer en Qatar.

Recuerdo el Mundial de 1978 jugado en Argentina. El tricolor era dirigido por Don José Antonio Roca y llevaba, según las cuentas alegres de los jilgueros televisivos, un verdadero trabuco.

Junto al cuadro nacional en el grupo, estaba un desconocido Túnez, Polonia y el potente cuadro Alemán.

Todo mundo daba por descontado el triunfo ante los de África del norte; un empatito con los germanos y un cara a cara con los polacos y de ahí, hasta donde Dios quisiera.

Los tunecinos ganaron tres a uno, vino Alemania y les clavó seis y luego la Polonia de Gregorz Lato y

una pléyade de estrellas repitió el tres por uno inicial. El balance: Cero ganados, cero empatados y tres perdidos; dos goles a favor y doce en contra y en la tabla de posiciones, un deshonroso último lugar.

El público no quería saber nada de futbol, asistir al estadio o prender la tele. En el ambiente se respiraba una desilusión total.

Entonces se les ocurrió una solución: El América contrató al mejor jugador del Mundial, el inmortal José Dirceu Guimaraes.

Con Dirceu en nuestro campeonato, pronto se olvidó el trago amargo y tanto los americanistas como el resto de los equipos se volcaron para ver jugar a esta inconmensurable figura.

Era tanta la calidad del brasileño que en alguna ocasión le preguntaron cómo era jugar en México. El astro contestó: “Mira, yo les doy melones y ellos me devuelven sandías”.

En los tiempos que corren nada ha cambiado ni parece que cambiará. Nada diferente se palpa. Mismo esquema y por lo tanto, seguramente mismos resultados. Proliferación de extranjeros, postemporada con 12 clubes, nula oportunidad a los jóvenes, eliminación del ascensodescenso, en fin, el panorama luce desolador.

Apenas van dos fechas y no se ve como levante el vuelo la LIgaMx.

La cara de los equipos cambian de una semana a otra; los partidos resultan, en su mayoría, de bostezo; los narradores se afanan en contarnos cosas que no están sucediendo en la pantalla de televisión y la inmensa mayoría de los jóvenes prefieren mirar las Ligas europeas.

Si los dueños del balón no prenden las alarmas, la estructura se les va a hundir como un pesado y oxidado Titanic. Y eso que apenas van dos.

 

ARTURO BRIZIO CÁRTER

apbcarter_1@hotmail.com

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