El pasado fin de semana se jugaron decenas de partidos en todo el mundo, como parte de la fecha FIFA, a escasos meses del Mundial. Algunos de ellos fueron de eliminatoria y otros, simplemente de preparación, como ocurrió con el cuadro tricolor, en un encuentro pactado para jugarse en Oakland, California, frente al cuadro representativo del Japón.

El juego como tal, tuvo dos elementos dominantes: la falta de efectividad de ambos contendientes ante el arco rival y la cantidad de faltas cometidas, 38 en total. En verdad, resulta desesperante comprobar la carencia de ideas en los dirigidos por Javier Aguirre y, para acabarla de amolar, la única clara la desperdició, miserablemente, Germán Berterame, el enésimo futbolista naturalizado que no genera ningún tipo de diferencia. Y los del “Vasco” no perdieron de milagro. Sobre la hora se escapaba un delantero nipón, el cual fue bajado de manera violenta por César “Cachorro” Montes, malogrando, además, una oportunidad manifiesta de gol.

El árbitro Rubiel Vázquez, colegiado de la MLS, sacó una tibia tarjeta amarilla, lo que motivó que el VAR sugiriera una revisión en cancha. Las dos puntas de la madeja embonaban: la oportunidad manifiesta y la naturaleza de la falta.

Conclusión: roja y a las regaderas. Históricamente ha existido un amplio dominio del cuadro azteca sobre los orientales, sin embargo, hay un episodio negro, vergonzoso e inolvidable para aquellos que lo vimos y vivimos. Resulta que, a nuestro país, le fue concedido el honor y la responsabilidad de organizar los Juegos Olímpicos en 1968. Convulsos eran aquellos tiempos, con una revuelta estudiantil, manejada desde los altos niveles de gobierno de manera simiesca, lo cual des embocó en la triste “Matanza de Tlatelolco”, el 2 de octubre de ese año.

Justo diez días después, se inauguraba, con bombo y platillo, el evento, como si nada hubiera sucedido y la represión y las muertes fueran asunto de leyenda. En lo deportivo, existía la natural incertidumbre, pero había dos medallas de oro que ya estaban ganadas de antemano.

El nadador Guillermo Echevarría venía de ganar el campeonato mundial, en Santa Clara, California, en los 1,500 metros de estilo libre. La selección de futbol, estaría integrada por vez primera por jugadores profesionales, todos de primera división, así que no quedaban dudas.

En la alberca olímpica, Memo llegó en último lugar, detrás de la ambulancia. El tricolor cayó en Semifinales ante Bulgaria, quedando el consuelo de una presea, aunque fuera de bronce y el rival sería Japón. Pues ahí vamos en tropel al Azteca, para ver ganar a México.

Los nipones traían a un centro delantero, grandote, de nombre Kamamoto, quien hizo cera y pabilo de la defensa nacional, la cual fue goleada inmisericordemente, al son de cuatro por uno. Ahora, el Tri enfrenta hoy a Corea del Sur, que no será ningún flan y que viene de derrotar a los Estados Unidos. Ojalá saquen de la chistera algo diferente, porque lo anterior resultó… Aburrido, en serio.

Cumple los criterios de The Trust Project

Saber más

Síguenos en Google Noticias para mantenerte siempre informado

Sigue el canal de Diario De Morelos en WhatsApp