Están en plazas y centros comerciales los estacionamientos recientemente clausurados por la Secretaría de Desarrollo Urbano y Obras Públicas del Ayuntamiento de Cuernavaca. Cerrados por la autoridad, no ha sido porque no dieron una hora gratis, como ordena el nuevo reglamento para este tipo de negocios, sino, peor aún, debido a que no tenían licencias de funcionamiento por parte de la autoridad. ¿Cuántos más hay en la misma situación? Docenas probablemente, diseminados en el centro y en gran parte de la ciudad, de primera, segunda, tercera e ínfima categorías que llevan años operando en un marco de irregularidad que sólo explica la corrupción de anteriores administraciones municipales. Habilitados los patios de casonas antiguas y predios baldíos para estacionamientos públicos, la política de la manga ancha los permitió tanto en terrenos grandes y medianos que pequeños. Nueve de cada diez carecen de instalaciones sanitarias, cada quien aplica sus tarifas, algunos tienen pisos de pavimento y otros de tierra, sin o con baches, como entre otros muchos el corralón ubicado enfrente de la Fiscalía Estatal. Pero siendo un problema añejo, evidente, público y notorio, el signo de pesos nubló la visión de ex alcaldes y funcionarios del área respectiva. Tuvo que llegar Antonio Villalobos Adán para que este problema de corrupción empezara a ser atacado de veras. El nuevo reglamento de estacionamientos públicos señala la primera hora gratis y, enfocado el ordenamiento para beneficio de miles de automovilistas, ha sido naturalmente bien recibida por el público. ¿Cómo deben ser y estar este tipo de negocios? Fijada la orden en una hora solamente gratis, los dueños archimillonarios de los “supers” no deberían ser tan miserables. En este tema ha sido terco el columnista, recordando que había un reglamento viejo que databa de poco más de dos décadas. Grosso modo, señalaba las mismas ideas que el nuevo, contra los abusos de los estacionamienteros. En supermercados y plazas comerciales nunca debieron cobrar por estacionar vehículos, pero, voraces, los propietarios impusieron el abuso que se volvió costumbre. Arbitrario, el saqueo a los bolsillos de tanta gente mediante amparos federales sucedió en Cuernavaca y en los demás municipios. Casi todos violaron el Reglamento de Estacionamientos Públicos de junio de 1994, que de hecho nació muerto. Ordenaba todo lo que no ocurrió, entre otras cosas, tarifas de acuerdo a la categoría del establecimiento: por hora el equivalente al 35% del salario mínimo para los de primera categoría, 30% para los de segunda y 20% para los de tercera. Que el cobro de la primera hora debía ser total, aun cuando el usuario permaneciera sólo unos minutos, pero proporcional de la segunda hora en adelante y una tolerancia sin costo para el usuario de 11 a 30 minutos. Pero además de que en ningún estacionamiento se cumplió esta disposición, con cinismo insultante sus letreros advierten todavía que “no hay tolerancia de minutos”, en lugar de anunciar en sitios visibles las tarifas como exigió el reglamento tan viejo como inútil. Hasta ahora, pocos automovilistas saben que también estaba prohibido que no les cobraran cuando perdían el ticket, en cuyo caso sólo pudo exigírseles que acreditaran la propiedad del vehículo y acordar el tiempo de permanencia. Que debían contar con pólizas de seguros para garantizar “el pago a los usuarios contra todos los riesgos y daños”, incluyendo accidentes, robo total, abuso de confianza e incendios, pero, tramposos, los estacionamenteros advertían en el reverso de los boletos que no se hacían responsables por estos tipos de percances. De hecho, siguen en las mismas. O mejor dicho, seguían hasta que hace un par de semanas “Toño” Villalobos le puso el cascabel al gato… Codiciosas, voraces, a las empresas de estacionamientos públicos les importa un bledo la opinión pública. Dar gratis una hora de 20 pesos a quinientos automovilistas en alguna de las plazas comerciales de tamaño grande representaría migajas, pero, como dice la filosofía del agiotista, primero muertos que perder un céntimo. (Me leen mañana).

José Manuel Pérez Durán
jmperezduran@hotmail.com

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