Un jueves de marzo de 2020, murieron dos reos y un custodio que evitó una fuga en el penal de Atlacholoaya. Antes como ahora, los negocios multimillonarios caracterizan a todo centro de reclusión. El sábado pasado se enfrentaron custodios e internos del dormitorio “B”. Lesionados tres reos llevados de urgencia al hospital general José G. Parres, el problema derivó en la destitución del director operativo Jesús Francisco Flores Jiménez y, según el comunicado de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, de todos los mandos penitenciarios de la administración pasada. Pasadas las cinco de la tarde comenzó a circular el rumor de un intento de motín, lo que confirmó el informe de que los internos exigieron la salida de Francisco Flores alias “Paco”. En redes sociales fueron transmitidos videos de los momentos en que se escucharon disparos, así que hubo dos versiones: una sobre que fue evitado un motín en el área femenil debido al cambio de la empresa que suministra los alimentos, lo cual confirmó la existencia de uno de los numerosos negocios penitenciarios, y otra en el sentido de “la inconformidad” surgida a raíz de que los internos fueron informados de que comenzarían los traslados a la nueva prisión ubicada en el Paseo Cuauháhuac, lo que afectaría otro de los negocios en Atlacholoaya. Todo lo cual finalmente es “normal” que suceda en todo centro de reclusión, grande, chico o pequeño, federal o estatal, y un solo móvil: el dinero…
Comparado el penal de Atlacholoaya con la Penitenciaria de Atlacomulco que fue cerrada en el año 2000, ésta se antoja un jardín de niños. Las riñas con saldos mortales han sido comunes en el mal llamado Cereso-Morelos, reiteradas las mentiras disfrazadas con datos confusos. Fue el caso del intento de fuga de un jueves de marzo de 2020, cuando murieron dos reos y un custodio e inicialmente la autoridad negó que dos presos lograron huir. Se hicieron evidentes las incapacidades y el móvil económico por los multimillonarios negocios intramuros que caracterizan a todo centro de reclusión. El “incidente” fue “solucionado” sin hacer cambios de funcionarios en el área de readaptación social…
Antes de Parque Ecológico San Miguel Acapantzingo, durante siete décadas fue la Penitenciaría de Atlacomulco popularmente llamada “La Peni”. Fue la cárcel más grande de Morelos. El portón daba a la Avenida Atlacomulco, alto como el muro perimetral que albergaba a culpables e inocentes que compartían sueños de felicidad, propósitos de redención y ansias de libertad que algunos consiguieron por la vía corta, huyendo. Fue el caso de un guerrerense llamado Pedro Bello Jaramillo cuya especialidad era el robo a establecimientos comerciales. Durante meses cavó un túnel desde su celda, apuntalando el corredor subterráneo con tablas de unos treinta centímetros que obtenía subrepticiamente en la carpintería del penal, esparciendo puños de tierra que sacaba de los bolsillos del pantalón mientras daba largas caminatas en el patio. Aprovechó una tarde que llovía a cántaros para escurrirse, arrastrándose panza abajo hasta alcanzar la libertad saliendo por un “boquete” pegado a la barda del lado Este, al que tapó con una piedra para que no fuera visto por los vecinos que pasaban caminando rumbo a las vecindades de la zona. Pedro acabó muerto en una ciudad del Bajío, abatido por un policía de barrio al que se le hizo sospechoso y le ganó el saque de la pistola, disparándole antes de que el delincuente pudiera reaccionar… (Me lee mañana).
