Los locatarios del centro comercial Adolfo López Mateos bromean: “Los Reyes Magos nos trajeron de regalo un conato de incendio”. El pasado 6 de enero comerciantes y bomberos controlaron las llamas en la zona conocida como El Circo, cerca del antiguo módulo de seguridad.
Sucedió alrededor de las de la mañana, y afortunadamente no hubo lesionados… “El ALM”, como desde su inicio le llamaron los cuernavacenses al centro de abasto más importante de Morelos, ha sufrido al menos dos incendios y una inundación. Decadente, maltrechas sus instalaciones, ello no impide que diariamente miles de personas hagan ahí sus compras, pues encuentran mejores precios y más mercancías que en los supermercados de cadena. Y además aguantador, soportados por su estructura los sismos de los diecinueves de septiembres de 1985 y 2017, aparte del incendio más grande en la historia del ALM, el 23 de agosto de 2010 cuando 400 locales fueron devorados por las llamas.
Construido el ALM en la década de los sesenta con un crédito de veinte millones de pesos de los de entonces por parte del Banco Nacional de Obras y Servicios del Banco Nacional de Obras y Servicios, más partidas adicionales, entre ellas una de dos millones para conectarlo con las calles del centro por medio del Puente del Dragón, inicialmente fue planeado para albergar a ochocientos locatarios del desaparecido Mercado del Reloj.
En octubre de 2022, se anunció un proyecto de remodelación elaborado por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos que tendría una inversión de 60 millones de pesos. Los trabajos arrancarían en 2023, pero resultó lo mismo que echarle dinero bueno al malo. El pasado octubre, el ALM cumplió 60 años de haber sido estrenado. Aparte la efeméride, el asunto es que, luego de más de medio siglo de problemas, habría que cambiarle hasta el modo de andar. Entre otras muchas obras, levantar los pisos, colocar nuevos y restaurar el techo de la bóveda. Eventualmente, recuperar el mural que alguna vez fue presumido como el que llegaría a ser el más grande del mundo, pues mediría mil metros cuadrados con el tema de los vendedores en mercados mexicanos. Pero quedó inconcluso a la muerte de su autor, José Silverio Saíz Zorrilla, quien falleció el 17 de febrero de 2017. También habría que restaurar locales, cientos, e instalar nuevas redes de agua potable y drenaje, dotarlo de una gran planta de tratamiento de aguas negras y, en fin, desplegar una serie de obras en prácticamente todas sus áreas. Lo que parece imposible. O de plano demolerlo y construir uno nuevo, moderno y mejor ubicado, quizá en las goteras de la ciudad, en el valle del norponiente, más allá de la barranca de Alta Vista, comunicado por una cadena de puentes en el marco de un proyecto de una ciudad-gobierno conformada por edificios de dependencias oficiales como hay, por ejemplo, en Zacatecas.
El ALM fue inaugurado el 7 de mayo de 1964, en los últimos días del gobierno de Norberto López Avelar; pero los locatarios siguieron en la explanada de Degollado y Tepetates, donde resistieron cinco meses hasta que el alcalde Valentín López González destechó el llamado Mercado Municipal o Del Reloj, en la calle de Degollado. Años más tarde, un grupo de locatarios se manifestaba en el Zócalo cuando llegaron corriendo algunos de sus compañeros, para avisarles que una grúa “con bola” enviada por “el pinche” Valentín había comenzado la demolición del Mercado Viejo, así que a regañadientes agarraron sus tiliches y se cambiaron al nuevo, “lejos”, una calle abajo, en los terrenos que habían sido parte del Rancho Colorado. De eso hace más de sesenta años…. (Me leen mañana).
