Alos y las diputadas de la Legislatura saliente se les quemaban las habas por nombrar a los cuatro magistrados del Tribunal Superior de Justicia (TSJ). Ante la oposición de los legisladores electos para que no lo hicieran, apuraron las designaciones. ¿Fueron “maiceados”? ¿Cómo, por quién y de a cuánto? Si así sucedió nunca lo admitirán, pero la sospecha subsistirá en la sociedad, lo cual no le importa al cinismo. Y si alguno o varios diputados (as) fueron dejados fuera de la supuesta o real repartición de billetes, que hablen ahora pues si abren la boca después nadie le creerá. “Haiga sido como haiga sido”, anteanoche trascendieron los nombres de los nuevos magistrados con salarios superiores a cien mil pesos mensuales e intereses oscuros que ciertamente no son los del pueblo: Francisco Hurtado Delgado, Hertino Avilés Albavera, Araceli Salas García y Mireya Díaz Cerón. Más aún: si no las hubo ayer poco tardarán las reacciones por parte de los diputados recientemente electos que horas antes del acelere “legislativo” manifestaron su inconformidad ante la prisa de las designaciones, el lunes en la rueda de prensa donde el yautepequense Agustín Alonso Gutiérrez volvió a llevar la voz cantante. Pero esta historia no ha terminado, continuará ya y los próximos tres años, vigente el dicho popular de que los matanceros de hoy serán las reses de mañana. Del atrilero se acuerdan si no... PENDIENTES las designaciones de jueces para el sistema de justicia oral, por una determinación del pleno del TSJ los aspirantes concursarán por el cargo. El mismo método debió ser aplicado en el caso del cuarteto de nuevos magistrados del TSJ, no el “dedazo” perpetrado extra muros del edificio de Leyva… ¿EN cuál capital estatal se puede ver la estatua o monumento de un prócer forjador de la nación arrumbada y arrinconada? En pocas o en ninguna, hasta donde nos alcanza la memoria tras algunos lugares visitados y de lo que se sabe por filmes o Internet. Infortunadamente es el caso de Cuernavaca. La monumental efigie del Siervo de la Nación está en paupérrima condición, rodeada de puestos de fritangas y artesanías. El desplazamiento de la escultura de piedra fue desafortunado. Ya no entremos en los detalles del cambio que en su momento fueron documentados e ilustrados aquí y en otros ámbitos periodísticos. No sólo por su valor histórico, sino por espacio arquitectónico y estético, “El Morelotes” no merece estar donde y de la manera en que se encuentra. El clamor de buena parte de los cuernavacenses o al menos de quienes dedican tiempo y esfuerzos para colaborar con historia y paisaje de la ciudad, es en el sentido de hacer una mudanza, emplazar al Morelotes en frente del Museo Cuauhnáhuac (para los hispanófilos, Palacio de Cortés), y con este movimiento ganar en atractivo para el centro histórico de la ciudad. Por demás está apuntar que de hacerse así el Generalísimo ocuparía un sitio digno, como corresponde a su vida y obra así como por llevar nuestra entidad su nombre. Sin ninguneos ni ser chovinistas o antiporfiristas, a los morelenses representa más este monumento que la estatua del general Pacheco. Cercano el aniversario 256 del natalicio del héroe epónimo de nuestra entidad –30 de septiembre–, hay tiempo para cambiar de lugar al querido “Morelotes”… (Me leen después).

Por JOSÉ MANUEL PÉREZ DURÁN / jmperezduran@hotmail.com

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