Vaciados los cajeros entre el sábado y el domingo por miles de tarjetahabientes, eso es cuando la quincena cae en fin de semana. Por esto mismo, los lunes los bancos están a reventar. Docenas de personas esperan turno para pasar a las cajas. Unos hacen “cola”, parados, y otros aguardan sentados a que aparezca su número en la pantalla. Las cajeras no se dan abasto, apenas acaban de atender a un cliente y ya se acerca otro. Trabajan mucho, sus salarios son pequeños, grandes sus responsabilidades e inquietantes sus tentaciones. Los empleados de bancos sufren explotación laboral, tienen prohibido organizarse en sindicatos, pero ese es otro tema que siempre le ha valido madre al gobierno. En este sentido lo comenta un cliente, enojado porque hace una hora que llegó y según ve las cosas le llevará media más hacer su trámite. Variada la gama de personas esperando, hay señoras y señores, jóvenes y viejos, empleados y dueños de negocios, clientes habituales que saludan por sus nombres al personal, alguna chica que intenta pasarse de lista pasando directamente a una de las cajas. Gorras y lentes oscuros están prohibidos, también recibir o hacer llamadas por el celular. Sin embargo, muchos usan los móviles, “watsapean”, checan sus “feices”. Eso parece. ¿Pero qué tal si la muchacha que aparentemente teclea un mensaje inofensivo en realidad le está avisando a su cómplice que un señor acaba de retirar una fuerte suma? Imposible saberlo, pero de ser así estará describiendo a la víctima en curso, su edad aproximada, si es alto, chaparro o de estatura regular; cómo va vestido, los colores del pantalón y la camisa; si del banco ha salido solo o acompañado y en qué lleva el dinero, en uno o los dos bolsillos del pantalón, en portafolios o en un “vaspapú”. Todos los datos para que sus cómplices no fallen el golpe. Desprevenido, el señor es interceptado cerca del banco, si caminando va para abordar su automóvil, o seguido cuando ya conduce y para cuadras adelante. Los asaltantes lo amedrentan con sus armas, le arrebatan el dinero, huyen en un vehículo usualmente con reporte de robo y nada han hecho los testigos para evitar el atraco, pues temen por sus vidas. Al rato llegan los policías, preguntan cuántos eran los delincuentes, para dónde y en qué se fueron, abordan la patrulla, prenden la sirena y salen quemando llanta en busca de los rateros. El modus operandi es un cartabón que la autoridad conoce, una película mil veces vista e impunemente repetida. Está el profesor pensionado que luego de ahorrar un año reúne lo suficiente para comprarle un coche usado a su esposa. Van al banco por el dinero, en el centro de Cuernavaca; toman un taxi para ir al lote de autos, pero cuando llegan y apenas están pagando “la dejada” dos sujetos que aparecen de la nada los sorprenden. Por supuesto están armados, les quitan el dinero, corren unos metros en sentido contrario al tráfico vehicular y se van en otro taxi. Son tantas las bandas y tan continuos los asaltos a clientes de bancos, que la policía no puede investigar uno por uno cada caso. A los dueños de los consorcios bancarios no les interesa la seguridad de sus clientes, y de ahí que no inviertan contratando policías para las sucursales, dos, cuatro o seis, dependiendo del tamaño del establecimiento, pero “pibas” que pueden usar armas, no guardias de seguridad privada que para ello no están autorizados. Por estos días de hace tres años, en Cuautla un señor retiró 300 mil pesos de una sucursal Santander y le fueron arrebatados por cuatro sujetos armados en el momento en que intentaba abordar su auto. Una suma igual a la que otro trío de individuos sustrajeron del cajero de la clínica 20 del IMSS en el boulevard Juárez, a donde irrumpieron a la una de la madrugada del lunes pasado, amarraron al vigilante, la alarma sonó a las cuatro, nada anormal notaron los policías que acudieron y no fue sino hasta las seis cuando el vigilante pudo telefonear al 911 que el atraco fue reportado pero demasiado tarde, pues hacía horas que los ladrones habían puesto tierra de por medio... Es que hoy día, todo puede suceder en el mundo del hampa… LECTURAS: “El presidente municipal de Puente de Ixtla, Mario Ocampo Ocampo, aseveró que la incidencia delictiva ha incrementado. ¡Vaya novedad!.. (Me leen mañana).

 

José Manuel Pérez Durán
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