El hecho de que en México poco más de mitad de la población ya haya recibido la primera dosis de la vacuna contra el cólera virus (el 55.4 por ciento, según la Secretaría de Salud federal), y que 2 de cada diez mexicanos ya tienen las dos dosis, no le cerró la puerta a la pandemia. Deducen los especialistas: dado que en México la mayor parte de la población que ya fue vacunada son personas mayores, la variante Delta del virus SARS-CoV-2 está afectando en su mayoría a los más jóvenes. Las consecuencias son terribles en sentido sanitario y económico. En Puerto Escondido, Oaxaca, el cabildo prohibió el acceso a otras y las playas de la Bahía Principal, Marinero y Zicatela, esta última famosa mundialmente por la forma, altura y velocidad de sus olas propias para el deporte del surf. Total, ocho playas de la jurisdicción de Colotepec, donde a partir del 1 y hasta el 15 de este mes no se permitirá la presencia de turistas y lugareños, para evitar contagios.

Unos cuatrocientos kilómetros al sur, en Acapulco el pasado fin de semana fueron clausurados 12 bares, y de ahí en adelante el Ayuntamiento sólo permitió un aforo del 40 por ciento en bares, restaurantes y centros nocturnos, dispuestas de las seis de la tarde a las once de la noche las tiendas de conveniencia que venden bebidas alcohólicas. ¿Y Morelos? Calculadas en marzo pasado apenas unas 50 mil personas vacunadas de los casi dos millones de habitantes, hoy el número de morelenses inmunizados es otra historia, pues ronda el millón. Sin embargo, luego de más de un año del arranque de la pandemia no se ve la luz de la salida, oscuro y tétrico el túnel apuntalado de muerte y enfermedad.

Es bajo estas condiciones que Cuernavaca reedita el ambiente de vacaciones. Antes de que aterrizaran las quincenas en las tarjetas de débito, muchos ya habían salido a la playa y otros empezaron a contar las horas para desafanarse. Los que tienen casa con alberca pretextan “no estamos”, sabedores de que si dicen que sí se hallan les caerá la marabunta de invitados espontáneos dispuestos al saqueo de los refris y el bar, mientras que los que no han salido se guarecen de la invasión mayoritariamente capitalina. Para viajar en vacaciones solamente estando locos. Se van los que se ven obligados a visitar a parientes que viven en lugares remotos, los urgidos de áreas abiertas y verdes ya que sobreviven en la estrechez de los departamentos de interés social, en el infierno de las grandes ciudades y el hacinamiento urbano. Los chavitos que se encuentran de asueto se ponen histéricos; les urge que los lleven a la playa o de perdida al balneario.

Por fortuna, de éstos tenemos en Morelos para dar y prestar, desde el balneario rústico para los que gustan del turismo ecológico hasta los juegos acuáticos para los masoquistas que disfrutan de la adrenalina, lanzados desde lo alto del tobogán largo y sinuoso donde viven la emoción fugaz de sentir que se les botan las canicas de los ojos. Y en medio de todo esto, las carreteras congestionadas de sur a norte y de este a oeste, circulando a paso de tortuga carros, camionetas, autobuses, tráileres y camiones cargueros que suman docenas de miles. O los atorones en los retenes policíacos de los operativos contra la inseguridad en el Morelos violento de hoy donde la parca no descansa ni en vacaciones. Para colmo de males, el miércoles pasado la Secretaría de Salud contabilizó 242 mil 547 muertes por Covid-19. Y contando... (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com 


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