No sólo se trata de que los pueblos ostentan tesoros artísticos y culturales, también cuentan la infraestructura de hospedaje, los servicios de salud y sobre todo la garantía de seguridad pública. En el primer rubro a la mayoría de las cabeceras municipales no les alcanzan para tener hoteles de tres estrellas. Los servicios públicos están medio cubiertos, y en materia de prevención y combate al delito no han pasado los peores tiempos.

Desde mediados de 2014, en este espacio le dimos seguimiento al anuncio de que la Secretaría de Turismo (Sectur) haría una selección de nuevos Pueblos Mágicos (PM). A finales de ese año, Tlaltizapán se sumó a las cuatro localidades que ya estaban apuntadas para el galardón. Luego de un año más, de varios “ya merito” y pospuestas, se dijo que la selección debería ser “ardua y exhaustiva”, así que la dependencia federal dio a conocer la lista de pueblos que estrenaban la denominación ambicionada.

Debemos recordar que la definición aceptada de pueblo mágico es que se trata de una localidad con atributos simbólicos, leyendas, historia, hechos trascendentes, identidad y cotidianeidad amarrados a sus raíces. Todo ello conforma una magia o encantamiento emanado de cada una de sus manifestaciones sociales y culturales y, de acuerdo a la Sectur, “significan una oportunidad para el aprovechamiento turístico”.

Mencionamos en tiempo presente a los cabildos, habitantes, comerciantes y empresarios de cada uno de ellos los pueblos morelenses que pretenden la denominación. Deberían continuar la mejoría permanente de sus localidades, pero también es necesario el compromiso de la administración estatal para optimizar los servicios e infraestructura de los pueblos de Morelos. Tales atributos los tiene una media docena de comunidades morelenses, y sin embargo les falta mucho por hacer para poder atender el incremento de visitantes que provocaría la denominación oficial de PM.

Un ejemplo. En Tlaltizapán está ubicado el Museo Cuartel General del Ejército Libertador del Sur, sobrevivientes en la cabecera municipal los herederos de las tradiciones orales relacionadas con el clan Zapata. Basada en la definición de PM, este es solamente un hecho por el que por sí mismo Tlaltizapán se considere “mágico”. Pero ahí es donde radica el problema, porque en Tlaltizapán falta capacidad de atención al turismo. Los balnearios y parques acuáticos cercanos son centros de atracción turística de un día. Además, la infraestructura no es del todo suficiente, en tanto la ventaja de obtener la denominación multicitada radica en que representa un detonador de desarrollo regional. Morelos debería estar abocado a la alimentación de la memoria de la revolución zapatista.

Autoridades, empresarios, comerciantes y prestadores de servicios desaprovechan la oportunidad de impulsar un uso racional y compartido de las comunidades morelenses. Sus acervos históricos y culturales en torno al zapatismo se pueden traducir en atractivos turísticos. En este sentido resaltan los éxitos de Durango y Chihuahua con sus sitios y actividades relacionadas con Francisco Villa.

Incluidos los morelenses, muy poca gente sabe que Atlatlahucan es la cuna del chinelo. La música original de la danza de los enmascarados se creó en este municipio cuando aún era una comunidad de Tlayacapan, y es por eso que el baile quedó registrado en Atlatlahucan. Para sus carnavales las danzas más comunes son las marotas o negras y la cuadrilla de los Tatais y existen las danzas de los Vaqueros, Moros y Pastoras que participan en las fiestas religiosas.

Otros: resalta la gente que Atlatlahucan cuenta con atractivos simbólicos en materia de arquitectura, edificios emblemáticos, fiestas y tradiciones, producción artesanal y cocina tradicional que sustentan la magia del municipio. Con su Feria de la Cecina y su templo del siglo XVI, Yecapixtla presume requisitos para convertirse en Pueblo Mágico, pero adolece de un plan de desarrollo apegados al Programa de Pueblos Mágicos. La Feria del Trueque en Zacualpan de Amilpas es una celebración que da identidad y suma productos para que Morelos sea un estado competitivo en materia turística. Ahí el trueque es una forma antiquísima de comunión social entre familias y culturas que proviene de la base económica y comercial de los pueblos mesoamericanos.

Pueblos con magia tenemos hasta para aventar pa’rriba. ¿Entonces?... (Me leen el lunes).

Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.

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