Alargar la pista de aterrizaje del aeropuerto Mariano Matamoros o echarle dinero bueno al malo. El secretario técnico del Consejo de Inversiones, Iván Elizondo Cortina, calcula una inversión de aproximadamente 30 millones de pesos para ampliar la pista 250 o 300 metros. Revela que hay negociaciones con una empresa de carga, “pero hacen falta 250 o 300 metros más de pista… La historia. Lauro Ortega Martínez es recordado como un político por demás astuto. Nombró en su gabinete a políticos que habían contendido contra él por la gubernatura de Morelos para el sexenio 1982-1988, maniatándolos, y con ellos a políticos y empresarios que solían pasarse de listos. Ubicó a sus adversarios en puestos de secretarios y directores, como a José Castillo Pombo, a quien designó titular de la Secretaría del Abasto, o algo por el estilo, de modo que, al manejar el programa del bolillo popular, se ganó el mote de “Secretario del Bolillo”, y con ello popularidad, aunque famoso ya era. El bolillo popular era vendido a precio simbólico, así que benefició a miles de familias morelenses de pocos recursos. Han pasado 43 años des de que Lauro Ortega Martínez asumió la gubernatura y, junto con Emilio Rivapalacio Morales, hasta hoy día sigue siendo considerado uno de los dos mejores gobernadores de Morelos.
Complicado el tramo del Cañón de Lobos, algunos colaboradores del doctor Ortega propusieron ampliar a cuatro carriles la vieja carretera Cuernavaca-Cuautla que era de sólo dos carriles. Para hacerlo, debería ser dinamitado el cerro, con el consiguiente aumento del costo de la obra y daños ecológicos. Sin embargo, Ortega, que en el trienio anterior había sido diputado federal y años antes presidente del comité ejecutivo nacional del PRI, no le dio muchas vueltas al asunto. Decidió: “simplemente vamos a hacer los carriles de ida a Cuautla en el lecho del cañón”. “Pero se va a inundar en tiempos de lluvias”, opinó uno de los funcionarios que lo acompañaban en el recorrido. “No, ya verá usted que no”, respondió don Lauro, y pocos días después la maquinaria pesada estaba abriendo la parte baja del cañón que, efectivamente, nunca se ha inundado.
Muerto el 22 de julio de 1999, Ortega reía con la leyenda de que los trabajos de construcción habían topado con un tesoro. Contaban que una pala mecánica desenterró accidentalmente “varias ollas llenas con monedas de oro”, y que algún capataz o ingeniero cuyos nombres nunca se supieron escondieron las ollas, regresaron de noche para llevárselas, se repartieron el oro y a los pocos días desaparecieron. Algunos fantasearon afirmando que se trataba del tesoro que había enterrado la banda de Los Plateados en el Cañón de Lobos. Otra versión aseguraba que los albañiles hallaron más de un esqueleto de personas asesinadas en ese o en otros sitios y luego arrojadas al fondo del Cañón de Lobos, o accidentadas en las curvas peligrosas de la parte de arriba que al cabo del tiempo habían cobrado cientos de vidas. Pero de la manera que haya sido, lo único que a ciencia cierta se supo fue el montón de vehículos que se habían precipitados al lecho del cañón y que por muchos años estuvieron regados donde serían abiertos los carriles de abajo. Autor de obras trascendentales como el aeropuerto Mariano Matamoros y el Palacio de la Justicia, y de programa sociales como el del bolillo popular, a Lauro Ortega se le debe también la construcción del Paseo Cuauhnáhuac que catapultó el desarrollo de esa zona… Por cierto: Juan Salgado Brito, quien falleció anteayer, coincidió con Lauro Ortega Martínez.
Cuando Salgado fue alcalde de Cuernavaca, en 1985-1988, don Lauro ejerció el segundo trienio de su mandato en la gubernatura. Salgado fue diputado local en 1973-1976 y diputado federal en dos ocasiones, 1982-1985 y 1994-1997, todo esto por el PRI. Al contrario de numerosos políticos, Salgado nunca negó su origen priista. Descanse en paz… (Me leen mañana).
