El Paso Exprés seguirá estando como está, inseguro, peligroso, mortal.  Con tal de “ganar la nota”, el secretario de Obras Públicas del Gobierno Estatal, Fidel Jiménez Brito, se apresuró: anunció que sería retirada la barrera de cemento que separa los carriles centrales y harían nuevas entradas y salidas. Mientras, el secretario general del sindicato de trabajadores de Caminos y Puentes Federales (Capufe), Martín Curiel Gallegos, declaró que esta dependencia “prevé” realizar una serie de cambios, entre otras, el retiro de barreras y el tercer carril de cada lado para acondicionarlos como acotamientos. Ninguno de los dos aseguró que las modificaciones sean un hecho, así que el delegado de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), Héctor Armando Castañeda Molina, les corrigió la plana. Señaló que “mover las barras centrales no es una decisión que se tome a la ligera o de forma apresurada”, que “por el momento” las oficinas centrales de la dependencia no han informado sobre una modificación como anunció el nuevo Gobierno de Morelos por medio de la Secretaría de Obras Públicas. Peor aún: los titulares de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), Gerardo Ruiz Esparza, y de Capufe, Benito Neme Sastré, no se han pronunciado al respecto, y difícilmente lo harán, mustio por lo regular el segundo, preocupados ambos y con más el primero por salvar el pellejo ante las imputaciones de actos de corrupción de las que son objeto. Todo, pues, continuará siendo igual, acaso aprovechado el Paso de la Muerte como escenario natural de una película de terror y suspenso. El protagonista eres tú. Rebasado por un deportivo de ocho cilindros, te acuerdas de la definición del cafre: el sujeto que va tan rápido como si lo hubiesen mandado a chingar a su madre y tuviera prisa por cumplir el encargo. Sonríes, la señora que pasa junto a ti y te ve de reojo debe juzgarte loco. Pero conducir por el Paso Express es cosa seria. Es media mañana y hay poco tráfico, puedes acelerar pero no pasar de ochenta por hora. Nunca falta un cafre que ponga en peligro a los conductores prudentes, como intentas ser tú. Ir al volante por el otrora llamado libramiento de la autopista no es una delicia, es una experiencia tensa, se necesita ir muy alerta, estar consciente de que en cualquier momento puedes volcar o chocar en los tramos donde los coches patinan, o estrellarte contra un vehículo que salga o se meta de pronto en la Barona o en otra de las colonias donde los señalamientos están semi ocultos. Por eso y por otros defectos “de fábrica”, que no hay acotamientos y que los pocos que dejaron en los costados son demasiado estrechos, es que en el Paso Express menudean los accidentes. Aparte, es antiecológico, el piso de concreto hidráulico satura la mirada, hay una explanada pelona y sin vida. La SCT y las empresas concesionarias de la ampliación de carriles del viejo libramiento depredaron árboles y arbustos en los costados y los alrededores de la vía cinta asfáltica. Además de la alteración del paisaje, están los efectos sobre los asentamientos urbanos y los recursos naturales que evidencian omisiones criminales de autoridades. Desaparecieron los pocos espacios verdes que conservaba, si volteamos la mirada y hacemos un recorrido mental caemos en la cuenta de la depredación de los árboles. Dicho sea de paso: lo mismo ha sucedido en parques y jardines, en ámbitos verdes públicos y privados; las autoridades se llenan la boca difundiendo “políticas sustentables”, pero lo cierto es que aquí y allá, de día y de noche sigue la tala de árboles al por mayor; no hay quién ni para cuándo detenga el ecocidio de una ciudad cuyo antiguo nombre en náhuatl castellanizado, según las interpretaciones más aceptadas, son “cerca de la arboleda” o “lugar de los árboles muy juntos”. En descargo de la deforestación consumada en el Paso Exprés, meses atrás la Secretaría de Desarrollo Sustentable del Gobierno del Estado hizo varias recomendaciones a la SCT, al Ayuntamiento de Cuernavaca –por estar la obra en la jurisdicción municipal– y a las compañías constructoras para que repusieran los cerca de mil 500 árboles que fueron talados para dar paso a la ampliación. Fue inútil, no hicieron nada, les valió madre. Para fines de julio pasado, el Paso Express ya acumulaba un montón de heridos y al menos treinta muertos por accidentes automotrices. En esos días, ante la indiferencia criminal del presidente Enrique Peña Nieto y de Gerardo Esparza se cumplía el primer aniversario del socavón que el 12 de julio de 2017 engulló las vidas de dos personas, un padre y un hijo. Hoy, un año después, Esparza debe seguir contando los días para ver si López Obrador le permite irse impune… (Me leen después).