Era de esperarse que la detención de Ismael Zambada García, “El Mayo”, y Joaquín Guzmán López, “El Güero”, el 25 de julio del año pasado en El Paso, Texas, diera mucho de qué hablar. Pero de lo que trata este comentario es que Morelos fue un refugio de líderes famosos del narcotráfico. El periódico “Noroeste”, de Mazatlán, relata una declaración de Edgar Valdez, “La Barbie”, en la que refiere una cumbre de narcos efectuada en Cuernavaca el 8 de noviembre de 2015. El medio de comunicación sinaloense cita nombres y alias de los asistentes: Ismael “El Mayo” Zambada, Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera (padre de Joaquín Guzmán López), Juan José Esparragoza “El Azul”, Ignacio Coronel Villarreal, Gerardo Álvarez Vázquez “El Indio”, Heriberto Lazca “El Lazca” y Miguel Treviño Morales “El 40”. También a Arturo Beltrán Leyva, quien cuatro años después sería abatido por la Marina en Cuernavaca, el 16 de diciembre de 2019 en el conjunto residencial de los edificios Altitud. “La Barbie” mencionó una reunión en la que hubo un intento de acuerdo entre las principales cabezas del narcotráfico mexicano para evitar que ocurrieran más homicidios y frenar la violencia. Sin embargo, añadió, la muerte de Arturo Beltrán desencadenó una serie de enfrentamientos y homicidios con el cártel del Pacífico Sur, el nombre adoptado por la organización de los Beltrán Leyva al tomar el mando Héctor Beltrán y Sergio Villarreal Villagrán “El Grande”. El viernes pasado se cumplió un año de la detención de Joaquín Guzmán López e Ismael Zambada en
El Paso, Texas, donde Guzmán habría traicionado al “Mayo”, lo cual desató la guerra entre “mayos y chapitos” que en junio anterior ya había contabilizado más de mil 600 asesinatos…
A propósito del tema del narcotráfico escribí en el Atril del 28 de septiembre de 2003: Como fantasmas campean en Morelos las huellas de líderes del tráfico de drogas. Meses atrás, agentes de la Agencia Federal de Investigaciones catearon siete inmuebles buscando al “Azul” y a Vicente Carrillo Leyva “El Ingeniero”, hijo del extinto Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”. Sin embargo, aunque contaban con datos de su presencia y actividades no los hallaron. La prensa informó sobre los cateos, tuvo acceso a datos que estaban en las declaraciones de testigos protegidos y en la solicitud de los cateos a un juez de distrito por parte de la Unidad Especializada en Delincuencia Organizada de la Procuraduría General de la República. Una copia en poder del columnista refirió los lugares de la búsqueda infructuosa del “Azul” y “El Ingeniero” en Morelos. Fueron cateados un rancho en Santa Rosa Treinta, municipio de Tlaltizapán, y una casa en la carretera
Zacatepec-Emiliano Zapata, una finca rústica en el poblado de Tezoyuca, una residencia en la colonia Rancho Cortés, una propiedad lujosa, de gran tamaño y bardas altas, que habría habitado la hija del “Azul”, Nadia (o Nadia Patricia) Esparragoza; un predio rústico en el fraccionamiento Monte Bello de Huitzilac, una casa en San José Vista Hermosa y otra más en la colonia Lomas de Cortés. Sobre la casa de Huitzilac, la testigo protegida “Beatriz” declaró que en una ocasión después de cenar fue llevada por una señora de nombre Leticia Bahena a la mencionada residencia. Aseguró haber visto llegar a Juan José Esparragoza en una Suburban azul con vidrios polarizados, sentado en la butaca del copiloto. Que la camioneta era custodiada por cuatro o cinco vehículos, y que al “Azul” (o “El Jefe”) ya lo conocía. Aseguró que en una ocasión anterior lo vio en el restaurant de la hostería Las Quintas de Cuernavaca...
En los informes de los agentes de la AFI en los que el agente del Ministerio Público federal adscrito a la UEDO basó su pedimento para los cateos, de acuerdo a la testigo “Beatriz se mencionó un laboratorio de droga en Santa Rosa al que los policías vigilaron y vieron que llegó un vehículo “ajeno al poblado”, estacionado sobre la carretera. A los quince minutos “empezaron a pasar muchas unidades de la Policía Estatal Ministerial”, cosa que se les hizo extraña “debido a que el pueblo es muy tranquilo”. También vieron que “vehículos no propios del campo” entraban a la brecha de terracería y se dirigían al rancho. Gente del lugar describió a dichos vehículos tripulados por hombres vestidos con trajes. Según la declaración ministerial de un indiciado, en el rancho había una pista de aterrizaje “con las medidas necesarias para el descenso de avionetas”…
En la primavera de 2000, la apertura del penal de Atlacholohaya y la clausura definitiva de la antigua Penitenciaría de Atlacomulco dieron paso a comentarios que, verdad o mentira, mencionaron a la propia prisión ubicada en la avenida Atlacomulco de la colonia Acapantzingo y citaron a “un sinaloense simpático y generoso” que al perecer era el narcotraficante Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto”. Según los internos, usando otro nombre entraba y salía como Juan por su casa de la prisión ubicada en la calle Atlacomulco, hasta que en una de esas no regresó. Desde aquellos días para “El Mayo” Zambada Morelos no era un sitio precisamente desconocido… (Me leen mañana).
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