Es común citar la categoría de Cuernavaca como residencia finsemanera o vacacional de grandes personajes del arte, la cultura, la farándula, los negocios. Muchos de esos personajes son de sobra conocidos. Citemos sólo algunos: la diva María Félix y la tormentosa Irma Serrano, “La Tigresa”; los pintores Rufino Tamayo y Diego Rivera, los escritores Luis Spota, Ricardo Garibay y José Agustín, sin contar políticos de toda laya y hasta algún “jefe de jefes”. Sin embargo, hay otra lista de no tan famosos o más que vivieron una o varias temporadas en la capital de Morelos, o estuvieron de paso y dejaron constancia escrita de las delicias disfrutadas en la otrora “eterna primavera” de Cuernavaca, frase que, por cierto, se atribuye al científico y explorador Alexander Von Humboldt pero que nadie ha confirmado se encuentre en algunos de sus escritos, a menos que algún despreocupado lector del atrilero me desmienta. Historias y leyendas de algunos de esos personajes en Cuernavaca y otras regiones de Morelos que llenarían páginas enteras, así que nos limitamos a hacer un breve repaso de anécdotas y episodios. No faltan aquellas visiones críticas y realistas, puesto que a todo paraíso le corresponde su infierno y a tal estigma no escapa nuestro solar morelense. Con base en la recopilación del investigador José N. Iturriaga para su libro “Cien forasteros en Morelos Siglos XVI-XXI”, hacemos listado de algunos fuereños reconocidos, unos muy famosos y otros no tanto, según la actividad a la que se dedicaron, pero al cabo convertidas en leyenda su estancia o paso por nuestra ciudad durante el siglo pasado…

¿NERUDA EN CUERNAVACA? Ejemplo de cómo se entrelazan historia con cierto grado de ficción es la del considerado más grande poeta latinoamericano, Pablo Neruda, de quien se cuenta que fue aquí donde publicó, en 1942, el edicto de su divorcio con la holandesa María Antonieta Hagenaar. En el libro mencionado se cita que el periodista chileno Mario Casasús, del periódico “El Clarín de Chile”, entrevistó en 2006 a la poeta Sara Vial, quien incluso le dio la versión de que el 28 de diciembre de 1941 Neruda fue víctima de un ataque en un hotel llamado “Parque Amatlán” de Cuernavaca, por parte de unos neonazis descendientes de alemanes. Habrá que confirmar el dato, primero para saber si, en efecto, el poeta chileno estuvo en la capital morelense y, segundo, verificar la existencia de tal hotel, pues hasta donde nos alcanza la memoria no recordamos un establecimiento de descanso con tal apelativo y, todavía con mayor precisión, constatar la veracidad del altercado contra el vate chileno. Lo que sí es un hecho es que el autor de “Confieso que he vivido” fue cónsul general de Chile en México, en 1941, y de esa estancia surgió la siguiente descripción de lo que podría ser un paisaje morelense, ya que no hay una mención directa a Cuernavaca: “Por las rutas de donde surgen los conventos católicos espesos y espinosos como cactus colosales; por los mercados donde la legumbre es presentada como una flor y donde la riqueza de colores y sabores llega al paroxismo (…) México vive en mi vida como una pequeña águila equivocada que circula en mis venas. Sólo la muerte doblegará las alas sobre mi corazón de soldado dormido…”. (Continuará).

Por: José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com 


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