Ya ni adentro de las casas hay seguridad. En el pueblo de Galeana estaba un muchacho adentro de la suya, conversando con amigos. Eran como las nueve y media de la noche. De pronto entró un sujeto a la vivienda, disparó y le pegó un tiro en el brazo izquierdo. Si acierta un poquito a un lado, en el corazón, lo habría matado; diez o quince centímetros hicieron la diferencia entre la vida y el más allá. El agresor se fue tan rápido como acababa de llegar, el chavo quedó lesionado, sus amigos llamaron al 911, como siempre la policía tardó una eternidad para llegar así que la víctima fue llevada en un coche al hospital.

Del atacante, ni sus luces. Los vecinos ironizaron: para cuando los agentes lo buscaron el atacante ya estaba en otro planeta donde a lo mejor no hay covid… Agredida a golpes y navajazos (¿o cuchilladas?) en el interior de su casa de la colonia Paseos de Ayala del municipio… de cuál si no que Ayala, horas después de que la mujer murió fue identificada con el nombre de Lorena Patricia Covarrubias Rodríguez y calculada la edad de 40. “Haiga sido quien haiga sido”, el agresor huyó… ¿Cuánto le puede cobrar “la maña” de renta a un humilde vendedor de aguas frescas? Muy poco, pero si la extorsión fue el móvil y el aguafresquero no pudo o no quiso pagar, por eso fue asesinado.

Sucedió en el poblado de Tilzapotla, municipio de Puente de Ixtla, precisamente en la esquina de las calles Insurgentes y Zaragoza hasta donde llegaron dos sicarios en motocicleta para meterle cuatro balazos en la espalda al humilde comerciante. Los mañosos huyeron, mientras el difunto quedaba tirado en el pavimento.

Calzaba huaraches, pues pobre era, y al rato que llegaron unos policías se supo que se llamaba Santiago y tenía como 25 años… Luego de dos días de haber desaparecido, identificaron al hombre cuyo cadáver fue hallado desmembrado en la colonia Lomas del Carril de Temixco. Era un repartidor de tortillas que vivía en esa colonia, se llamaba César Millán (¿les suena el nombre?) y la última vez que lo vieron fue el martes… Porque ni la supuesta seguridad de las casas respetan los criminales, tampoco los policías les merecen respeto. Por la colonia Progreso de Jiutepec pasaba una pareja de policías a bordo de la patrulla número 751.

Iban naturalmente alertas, escudriñando su entorno como corresponde a los hombres de la ley y reclama la atmósfera violenta de hoy día. Pero parece que ni cuenta se dieron cuando ya los tenía encañonados un montón de maleantes que aparecieron en un Nissan Versa blanco y un Volkswagen Jetta gris. Les quitaron las armas de cargo, huyeron y más tarde otros o los mismos uniformados que peinaron la zona hallaron abandonado uno de los dos vehículos… Como enlace jurídico de la Policía Municipal de Xochitepec trabajaba Julio César Gutiérrez, un funcionario que fue acribillado por varios sujetos que se desplazaban en un taxi y le metieron treinta tiros. Hacía minutos que Gutiérrez había salido de la base policíaca en un Volkswagen Jetta gris cuando fue emboscado sobre la calle Miguel Hidalgo de la colonia Lázaro Cárdenas… Los mencionados son sólo unos pocos de los innumerables hechos de sangre ocurridos durante los últimos días en diferentes lugares de la geografía morelense.

Galopante la inseguridad de las personas y creciente la violencia, durante el primer trimestre de este año fueron iniciadas 236 carpetas por asesinatos, sesenta casos más que en el mismo periodo del año pasado que se abrieron 177 expedientes por este delito. Los números son oficiales, del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Mata más la violencia del crimen que la pandemia del Covid-19. Pero la diferencia entre antes y hoy es que ahora ni organizaciones sociales ni el Obispado de Cuernavaca organizan marchas por la paz y la justicia… (Me leen después).

 

José Manuel Pérez Durán

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