A la gente con buenos sentimientos la indignan los maltratos a mascotas, se enoja sobremanera, para decirlo de una vez, se encabrona. Y tiene razón, toda la razón, no sólo una parte. Los casos de personas canallas que torturan a perritos incendian las redes sociales. Por un motivo principalmente: porque los canes son nobles, aman a los humanos y sobre todo al suyo; sienten, recuerdan, no son rencorosos y sí muy inteligentes e incapaces de desearle mal a los seres con los que conviven. Sin embargo, existen personas de mentes retorcidas y entrañas podridas que disfrutan maltratándolos, haciéndolos sufrir, infringiéndoles torturas que deberían aplicarse a sí mismas, para que sufran lo que ellos sufren. En enero pasado, las redes se viralizaron con muchos y estos casos: En la Alcaldía de Álvaro Obregón, CDMX, un perro quedó destrozado luego de que un grupo de humanos deshumanizados le amarró pirotecnia en el cuerpo durante los festejos de Año Nuevo. Activistas de una de las organizaciones más reconocidas de la capital, “Mundo Patitas”, denunciaron el hecho. Publicaron: “Lamentamos comenzar el #AñoNuevo2019 con este tipo de noticias, pero tomémoslo como un recordatorio latente de que aún hay mucho trabajo de conciencia por hacer, tanto en niños como adultos”. Pero el exhorto de “Patitas” no llegó a San Luis Potosí, denunciado ahí otro episodio de pirotecnia que le destrozó la cara a un bóxer llamado Miguel en las fiestas de año nuevo. Difundida la versión de que el can murió en la colonia San Ángel porque alguien le puso un artefacto explosivo en el hocico, mucha gente exigió #JusticiaParaMiguel y presionó a las autoridades a tomar cartas en el asunto. En el seguimiento del asunto, la Fiscalía General potosina presentó el video del momento de la muerte del perro. Aarón Edmundo Castro Sánchez, vicefiscal general del estado, dijo que la investigación no estaba cerrada pero que la grabación de una cámara de seguridad señaló que no había delito qué perseguir “¡porque el perro tomó el explosivo con el hocico por voluntad propia!”… “Ya se murió”, dijo orgulloso el individuo que apuñaló a un perro para luego beber de su cerveza el 6 de enero en la colonia Suterm, en Coahuila. Un acompañante del hombre despiadado grabó la agresión contra el perrito que lloraba sin poder hacer nada para remediar su dolor. El caso indignó a los coahuilenses, que además de exhibir el rostro del tipejo (se dijo que presuntamente tiene antecedentes de delitos sexuales y drogas) ubicaron su casa e intentaron lincharlo... En Aguascalientes recuerdan, por oportunista, al candidato del Partido Verde a senador que se colgó del ahorcamiento de un perrito, apresurándose a subirlo a sus redes sociales... Y en Morelos, ¿qué? Promulgada en abril de 1997, durante el gobierno de Jorge Carrillo Olea, la Ley estatal de Fauna consideró “conveniente la creación de un instrumento legal que propicie el desarrollo de actitudes de respeto hacia la fauna, en virtud de que dentro del marco de derecho morelense no existe ninguna normatividad al respecto”. Señaló en el inciso b que la ausencia de una normatividad en la materia había propiciado actos de tortura o maltrato cometidos por el hombre en contra de otros seres vivientes, además de una indiferencia generalizada en el trato a los animales de distintas especies. Precisó objetivos como el fomento al trato humanitario para los animales domésticos y silvestres, la erradicación en todas sus formas, sancionar el maltrato y los actos de crueldad para con los animales y en general propiciar respeto y consideración a la vida animal. Sin embargo, sepultada por el olvido y la política esa ley protectora de animales, en junio de 2017 una nota del Diario de Morelos advirtió que no obstante ser cada vez más común, en Morelos el maltrato animal no se encontraba tipificado como delito, por lo que muchos de los casos sólo llegaban a sanciones con multas y arrestos. Según opinaron especialistas en Derecho, ya que en Morelos no estaba penado como tal, se necesitaba una reforma a la Ley de Flora y Fauna o al Código Penal para determinar las penalidades hacia el maltrato animal que no contemplaba le Ley Estatal de Fauna. Pero por fortuna hoy se puede y, tipificado ya el delito de maltrato a animales, es posible sancionar a las personas malas, canallas, cobardes, ojetes, vaya –y perdón por la brusquedad de los terminajos–, que disfrutan torturando a animales que ningún mal les causan. Es el caso del sujeto que le enterró un cuchillo en el hocico a una perrita, en la comunidad oriental de Puxtla. Sucedió en diciembre de 2018, el agresor fue denunciado, el proceso se dilató pero finalmente el brazo de la ley lo alcanzó y fue aprehendido por agentes de la Policía de Investigación Criminal por delitos de Actos de Crueldad en Contra de Animales Domésticos… (Me leen mañana).

 

José Manuel Pérez Durán
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