Testigo colaborador o “soplón” vienen siendo lo mismo que delator, un eufemismo más suave que sustituye a una expresión de mal gusto o demasiado franca. Soplón es el ex regidor Jesús Martínez Dorantes, cuya colaboración le fue pagada con la libertad, a diferencia del ex alcalde Antonio Villalobos Adán y la regidora Anayeli Rodríguez, a quienes les fue negado el amparo y por ahora no podrán dejar el penal de Atlacholohaya. Pasarán la próxima Navidad presos y quién sabe cuántas más, pues aparte de que el proceso que ya enfrentan es largo, ¿les caerán otros por los que podrán hacerse viejos estando presos?
De otro nivel, pero al fin soplones como los que mantienen en prisión perpetua a Joaquín “El Chapo” Guzmán, y libres a los narcos Édgar Valdez Villarreal, “La Barbie”, así como a Sergio Enrique Villarreal Barragán, “El ‘Grande”, este último, alguna vez “vecino distinguido” de Cuernavaca…
ALGO que también va para largo es el final de la pandemia del Covid-19, a la que este lunes suavizó el llamado Comité de Nueva Normalidad conformado por la Secretaría de Salud, la Secretaría de Economía, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social y el Instituto Mexicano del Seguro Social. En realidad sólo se oficializa lo que ya era un hecho: el uso del cubrebocas en “rutas”, hospitales y demás espacios cerrados al aire libre. Quién sabe cuánto tiempo pasará para que andemos como antes de la pandemia, sin tapa bocas en ninguna parte. ¿Se acuerda el lector de aquel Cuernavaca? Bulle de gente el Jardín Juárez, nada que sea raro a las diez de la mañana. Están el bolero que no se da abasto para atender a sus clientes y se disculpa por no poderle dar “bola” al burócrata del traje lustroso a fuerza de tanta planchada. Las personas cruzan del edificio Bellavista al Palacio de Gobierno, van hacia Las Plazas, torean los automóviles, se cuentan por docenas los vehículos de todo tipo. “¡Libre!”, ofrecen los taxistas a los clientes potenciales que para no variar escasean. Esquivados los puestos de dulces “típicos” y de elotes por hombres y mujeres que caminan en zigzag, son observados por los viejos pensionados que conversan sentados en las bancas bajo los árboles cuyas ramas los protegen de los rayos candentes del sol. En la Plaza de Armas el día también transcurre de manera normal. Gente que entra y sale del Palacio de Gobierno para trabajar o hacer trámites saludan a los hombres de seguridad, encorbatados, sudando la gota gorda. Sujetos que caminan presurosos no porque tengan prisa, sino calor. Grupos de chicas y chicos cuyos uniformes escolares insinúan que faltaron a clases. Jubilados tomando café o que ya terminaron de almorzar en los restaurantes del entorno. Señoras que salen de los pasajes comerciales cargando bolsas con las compras del día, amas de casa caminando por Guerrero, Degollado y No Reelección, o bajando al mercado ALM por el Puente del Dragón para avituallar a la familia. Los niños están en las escuelas, así que nomás hay personas adultas. Atestados los andenes del centro comercial, el agente de tránsito se desgañita, revienta el silbato pero nadie le hace caso. Los pasajeros bajan y suben de las rutas que se dirigen a las comunidades periféricas y a las colonias cercanas. No son pocos los mercachifles que llegaron de madrugada manejando camionetas de carga para comprar o vender en el centro de abastos más grande del estado y ahora van de regreso a sus pueblos. Se escucha a uno decir que él suele llegar a las dos de la madrugada y a las tres ya vendió toda la mercancía que trajo, pero por seguridad esperará hasta las once o doce para irse a su casa. Explica: “La maña tiene ojos dondequiera, saben que cargo dinero y me pueden asaltar”... (Me leen mañana).
Por: José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com
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