La celebración del Día del Anciano data de 1982, con la Primera Asamblea Internacional de la ONU dedicada al envejecimiento.

Se festejó a los adultos mayores por primera vez en 1983, primero en la Ciudad de México y al año siguiente en Monterrey.

A partir de 1998, el 28 de agosto se conmemora en todo el país el Día del Abuelo o del Anciano. Al paso de los años se cambió de nombre por el “Día del Adulto Mayor”, debido a que la gente se dio cuenta de que cada día son más los ancianos en nuestro país.

Desde entonces a la fecha se ha hecho más importante, pues no deja de ser significativo que se recuerde y festeje a “viejitos” y “viejitas”, usando este apelativo con el cariño y respeto que se merecen por cuanto representan en la vida de una familia y de la comunidad.

Las estadísticas indican que en los próximos 22 años –por allá del 2042– se triplicará la población de adultos mayores en nuestro país.

México, pues, será un país de viejos y viejas, lo cual no tendrá nada de trágico si se vive con calidad.

En las siguientes décadas el segmento de la población adulta mayor ascenderá a 8.9, 12.5 y 17.5 por ciento del total de la población.

Haber aumentado la esperanza de vida en el país hizo que se cambiara el cálculo: si antes se preveía que un individuo podía llegar sin problemas a los 50 años, ahora llega a los 70 debido al mejoramiento de las condiciones de vida.

Como ya vimos en las estadísticas, dentro de no muchos años habrá más población anciana que nunca en la historia de México, y ahí estaremos muchos y muchas de nosotros; no nos agradará que seamos “tratados como muebles” en lugar de seres humanos vivos con dignidad y la energía necesaria para dar lo mejor a los demás.

En noviembre de 2003, como jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador publicó la Ley del Derecho a la Pensión Alimentaria, cuyo artículo 1 dice: “Los adultos mayores de sesenta y ocho años, residentes en el Distrito Federal tienen derecho a recibir una pensión diaria no menor a la mitad de una unidad de cuenta de la Ciudad de México vigente”.

Los opositores y críticos de López Obrador se le echaron encima tildándolo de “populista”, pero al advertir el éxito de dicha ley, sobre todo en las elecciones federales, el PRI y el PAN copiaron el “populismo”. Aun así, debieron recurrir (en el caso de Calderón y Peña Nieto) al fraude cibernético o de “ingeniería electoral” para imponerse en la silla presidencial ante el triunfo del líder tabasqueño.

Entonces panistas y priistas vivieron en carne propia el haber menospreciado a “los viejitos” de López Obrador.

Cinco años después de establecida la fecha que hoy recordamos, en 1987, al inicio de uno de sus conciertos en el Auditorio Nacional, Joan Manuel Serrat lanzó esta crítica que sigue vigente: “Esta sociedad, o sea nosotros, al hombre y la mujer, después de sacarles todo el jugo acostumbramos a condenarlos al pacto del hambre, arrinconarlos, a humillarlos.

Y esto no es sólo una canallada, es peor.

Esto es una demostración palpable de la estupidez de esta sociedad, o sea nosotros, porque por un lado aquellos que hoy se sienten jóvenes han de reconocer que con el transcurso del tiempo, a lo más que podemos aspirar es a envejecer con dignidad y difícilmente podrán hacerlo si los que hoy son jóvenes no ayudan a los que hoy son viejos, a envejecer con esta dignidad.

Por el contrario, hoy es pisotear y despreciar la experiencia y eso es lo que, nosotros, como sociedad, hacemos cada día…”

Enseguida, el catalán entonó “Llegar a viejo”… (Me leen después).

Por José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com 

Cumple los criterios de The Trust Project

Saber más

Síguenos en Google Noticias para mantenerte siempre informado

Sigue el canal de Diario De Morelos en WhatsApp