Optimista, el secretario municipal de Desarrollo Económico y Turismo, Andrés Remis Martínez, intenta infundirle ánimo a la vida nocturna de Cuernavaca. Recién declaró que en conjunto (con la autoridad) el sector empresarial busca implementar nuevos protocolos de seguridad para recuperar la vida nocturna de Cuernavaca. Matizó: el tema de la inseguridad no es privativo de una ciudad, sino un problema a nivel nacional (por lo que) se debe de trabajar para minimizar los efectos negativos en contra del sector turístico. Habló de una propuesta que “está siendo tomada positivamente por los empresarios”, pero no especificó cuál, sólo externó el buen deseo de implementar nuevos protocolos de seguridad para darle un plus a los empresarios y a las inversiones que lleguen a la capital. Infortunadamente, una cosa es la idea entusiasta de Remis y empresarios de la vida nocturna de la capital, y otra la cruda realidad derivada de la inseguridad que sintetizan la violencia, la muerte, las extorsiones, la pérdida de empleos e inversiones luego de tantos negocios cerrados. Son los casos de restaurantes y bares, tantos y durante tanto tiempo en la capital y el interior del estado que a estas alturas suman docenas y acumulan meses. Creciente la ola violenta, la gente tiene presentes otros y los siguientes casos de ataques a balazos en antros y más tipos de negocios: Una mujer y un hombre fueron asesinados y nueve lesionados en el bar Antalya de la avenida San Diego. En el Bar XX (también conocido como Sophia), de Domingo Diez, seis personas heridas y una mujer abatida por sujetos que llegaron disparando cuernos de chivo. Una lluvia de balas lanzada por cuatro pistoleros en el bar Bichos del Paseo Cuauhnáhuac, en Jiutepec, produce dos muertos y tres heridos. Y hasta hoy, el ataque probablemente más cruento, perpetrado por un comando armado en el restaurante de mariscos Los Estanques de la ex hacienda El Hospital en Cuautla, con saldo de cuatro muertos y diez heridos, entre éstos un niño de cinco años… Agonizante la vida nocturna de Cuernavaca, la noche del miércoles pasado y pocos minutos después del ataque en un antro del boulevard Juárez, los datos preliminares empezaron a incendiar las redes sociales. En medio de la confusión, los primeros datos reportaron un vallet parking asesinado y “levantado” el dueño de una revista que celebraba su cumpleaños… Insistente el reproche a los de la autoridad, los cuernavacenses coincidimos: si no pueden, que se vayan. Y los viejos añoramos tiempos de tranquilidad y seguridad. Llamadas discotecas, estaban de moda a fines de los setenta: “Los Veinte” que luego fue “El Tabasco” en el mismo local, en un costado de la gasolinería del DIF; “El Kaoba”, atrás del Palacio de Cortés, varias más y “El Sandi” en la esquina de Rufino Tamayo y Humboldt. Instalada ésta en una quinta que databa de dos o tres décadas, su apertura fue un acontecimiento en la vida nocturna de entonces; adornados el corte del listón inaugural por la belleza rubia de la actriz Claudia Islas y la concurrencia del jet set tlahuica. Pero “no pegó”, así que al poco tiempo cerró. La historia de aquella casona que ya he contado y nuevamente viene a cuento: Construida en dos niveles se decía que era propiedad de una viejecita que moriría años más tarde, intestada. Aparentemente sin parientes a quienes heredársela, la habitó una amiga de ella, junto a su flamante esposo con quien un mal día discutió y le metió un tiro, matándolo. Corrió entonces sobre esa quinta una suerte de leyenda que el paso del tiempo borró. Estuvo abandonada hasta mediados de los noventa, cuando el Gobierno Estatal se la apropió, y hasta hoy día permanece aparentemente deshabitada, ruinosa pero valiosa no tanto por la construcción sino por la ubicación del terreno, de modo que, si algún notario de maneras finas y procederes mañosos no se la apropió, legalmente continúa siendo propiedad gubernamental… (Me leen después).

José Manuel Pérez Durán
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