Elementos de la Guardia Nacional y la Secretaría de la Defensa Nacional incautaron aproximadamente 20 mil metros cúbicos de madera en Huitzilac, en un operativo realizado el miércoles 21. Para no variar, no hubo detenidos, como se ha hecho costumbre que sucede en este municipio. ¿Porque los talamontes emplean “halcones” para que les avisen de la presencia de policías o soldados? Quizá.

Los medios de Morelos están habituados a que en estos eventos no hay detenidos, pero a medios nacionales sí les llama la atención. Algunos casos: El 11 de mayo de 2004, elementos de la Policía Preventiva Estatal y de la Comisión Estatal de Agua y Medio Ambiente decomisaron once tráileres cargados con 869 metros cúbicos de madera talada ilegalmente. Enero de 2022: agentes de la Guardia Nacional y del Ejército Mexicano catearon el paraje conocido como “La Quebradora”, donde presuntamente había un aserradero clandestino. La diferencia fue que en esa ocasión el problema llegó a las calles de la cabecera municipal. Unos sesenta lugareños reaccionaron iracundos, quemaron llantas y bloquearon la carretera con troncos. A través de redes sociales, lugareños avisaron que dos grupos de militares y policías federales habían entrado a la población por la carretera federal y la autopista México-Cuernavaca, así que se reunieron sobre el camino que conduce a las Lagunas de Zempoala donde derribaron árboles, quemaron llantas y les taparon la salida a los elementos federales.

En marzo de 2021, según una declaración del fiscal Uriel Carmona Gándara, un operativo contra la tala ilegal de los bosques del área de Fierro del Toro desató la violencia en Huitzilac. Un grupo de vecinos le prendió fuego al Palacio Municipal, y comuneros que atestiguaron los hechos aseguraron que la protesta se debió a la detención “irregular” de lugareños y a la muerte de uno de ellos en un enfrentamiento con agentes de la Guardia Nacional. Como siempre, ninguna autoridad, estatal o federal, destacó el fondo del problema: el desempleo, la desigualdad, la corrupción.

Ayer lunes, un comunicado de la Comisión de Recursos Naturales de la Ciudad de México informó que elementos de la Guardia Nacional, la Secretaría de la Defensa Nacional y la Procuraduría Federa desmantelaron un aserradero clandestino en el municipio de Huitzilac, donde aseguraron 19 mil 448 metros cúbicos de madera de rollo de pino y 731 metros cúbicos de cedro blanco.

En Huitzilac es normal que el silencio de la noche es reventado por los ruidos de las motosierras, de hombres matando árboles. La tala ilegal del bosque se inserta en la atmósfera de inseguridad, lo que también es histórico en este municipio.

Sin embargo, no sólo se trata del negocio de la madera cortada de forma clandestina. El tramo de las lagunas de Zempoala en la carretera federal Cuernavaca-Toluca ha cobrado la vida de cientos de personas, asesinadas la mayoría y accidentadas las menos. Las bandas de salteadores de caminos datan de generaciones atrás, impunes los más y apresados los menos que roban, matan, vejan, asustan.

En la carretera bordeada por el bosque espeso transitan vehículos de carga, de pasajeros y automotores particulares. Evitan la ida a la Ciudad de México, usan el atajo y ahorran tiempo, pero ponen en riesgo su vida. Los depredadores se agazapan aprovechando la complicidad de la soledad de la selva de pinos, se desplazan armados, ponen piedras o troncos en la carretera, emboscan a hombres y mujeres, les roban cuanto de valor llevan y a veces los matan. De noche, el bosque es aún más peligroso. Esto lo sabe desde el morelense que no lee periódicos hasta el mismísimo presidente de la República. Pero lo que nadie sabe es hasta cuándo terminará la pesadilla… (Me leen mañana).

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