En el estado de Morelos no importaba que las “rutas” y los taxis no aprobaran la revista mecánica; eran carcachas ruinosas, cayéndose a pedazos. Los dueños de los taxis y las rutas pagaban mordidas a funcionarios de primer nivel en el área de control vehicular, una danza de miles de millones de pesos que volvió multimillonarios a funcionarios bien conocidos del área del transporte público. Hoy, por estos días en que se sabe que durante el gobierno de Cuauhtémoc Blanco al menos el cincuenta por ciento del parque vehicular no pasó la revisión, se confirma la corrupción que en el pasado inmediato caracterizó a la dependencia rectora del transporte de pasajeros, y volvió multimillonarios a exfuncionarios impunes que conoce mucha gente. Anastasio Solís Lezo, director del área de transporte, señaló que en una semana fueron revisados trescientos automotores y aparentemente se encuentran “en buen estado”. Pero señaló que a los propietarios de las unidades más antiguas a los que se les han hecho observaciones se les dará un plazo de seis meses “para que puedan repotenciarse”, es decir, que le den una manita de gato, mecánica y física, sustituyendo los asientos de los pasajeros viejos por nuevos. Primero están la seguridad y la comodidad de los usuarios y después los intereses de los líderes de los permisionarios de taxis y rutas. En tanto no mejore el servicio seguirá suspendido el aumento de tarifas, el tarifazo, pues, que hace meses pretenden los permisionarios…

A PROPÓSITO de las próximas vacaciones de verano, el “tip” del columnista: El apelativo se lo da el agujero en una roca de unos treinta metros de altura. Es la playa de La Ventanilla, donde una cooperativa de lugareños ofrece al turismo el espectáculo de cocodrilos conviviendo en su hábitat natural.

Pintada de verde el agua por la vegetación, visibles los reptiles temibles desde las lanchas de remo, el recorrido culmina en una pequeña isla que alberga un criadero de cocodrilos. Mientras rema, el costeño tranquiliza a sus pasajeros. Dice: “no hay peligro, los animales se sumergen cuando se acerca la embarcación”. Y luego de la aventura que dura pocos minutos recuerda que el estero era más grande, pero lo tapó el Paulina. Eso sucedió en octubre de 1997, cuando el huracán con este nombre devastó las costas de Guerrero y Oaxaca, causó la muerte de cientos de personas y pérdidas económicas por unos once mil millones de dólares.

Más; Una noche de junio de 2017, cerca de La Ventanilla entró la tormenta tropical Beatriz, entre la playa Zipolite y Puerto Ángel, en medio de Puerto Escondido y Huatulco. Inmisericordes, la lluvia y el viento se abatieron sobre Salina Cruz, avanzaron tierra adentro por el istmo de Tehuantepec y generaron afectaciones materiales en pueblos y carreteras, pero por fortuna nada comparables con el Paulina. Considerados entre los huracanes más devastadores de los últimos años, el Gilberto de septiembre de 1998 llegó con vientos de 300 kilómetros por hora a las costas de Yucatán, arrasó Campeche y, aunque ya debilitado, avanzó hasta Monterrey, produciendo afectaciones económicas por 4 mil millones de dólares. O el Wilma que en 2005 golpeó a Cozumel, Cancún y Playa del Carmen y fue considerado el huracán más destructivo en la historia de México debido a las evacuaciones, al cierre del aeropuerto, el corte del suministro eléctrico y demás daños que sumaron casi 10 mil millones de dólares… Y sí: la naturaleza suele ser inda y temible... (Me lee mañana).

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