Unos calculan que el parque vehicular de Morelos es de 700 mil y otros que de más de 800 mil. ¿Por fin? Esto a propósito del cambio de placas del que, como en el cuento del lobo, se repite que ya viene y viene pero como no llega la gente acaba por no creer. Ahora se anuncia que comenzará en abril. Pero de la manera que sea 700 u 800 mil unidades son muchísimas: representan más o menos el cuarenta por ciento de la población de Morelos que, de acuerdo al censo de 2010 del INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía), es de un millón 987 mil 569 habitantes. O sea, que por cada dos o tres personas hay un automotor, y que de este tamaño resulta la complejidad de los problemas de vialidad en Cuernavaca, donde ya no cabe un alfiler, pero también en las partes centrales de cabeceras municipales como Jiutepec, Zapata, Yautepec y Cuautla, donde los embotellamientos vehiculares son igualmente la constante. Si vamos al quid de la circunstancia, la Secretaría de Movilidad y Transporte está ante la oportunidad, digamos histórica, de hacer lo que no hicieron sus antecesoras y vía el enésimo emplacamiento establecer con precisión el número de vehículos automotores con láminas de Morelos y, por medio de conteos en sitios adecuados, fijar un aproximado de las unidades que ostentan placas de entidades vecinas –sobre todo Guerrero y el ex Distrito Federal– pero “viven” en Morelos. Una vez encarrerados, aprovechar el viaje para la instalación de una mesa de trabajo sobre la conveniencia o no de la desmetropolización del transporte sin itinerario fijo, los taxis, pues, de Cuernavaca, Temixco, Jiutepec, Xochitepec y Zapata. Rezara el dicho: la ocasión la pintan calva, quedado a deber por el atrilero el tema de la cromática de taxis… DE la muerte de Emiliano Zapata se han dicho y escrito tantas cosas. Aquí una entre tantas: A las 14:10 horas del 10 de abril de 1919 se apersonó en la puerta de la hacienda de Chinameca; al aproximarse algunos metros al casco era acompañado por su asistente, Agustín Cortés. Una banda de guerra lo recibió tocando el saludo de honor dos veces, pero al sonar por tercera vez la “voz” de la trompeta fue interrumpida por una descarga de fusiles contra ambos, proveniente de soldados de guardia que estaban apostados a la entrada, formados en pasillo y presentando sus armas para recibir al líder revolucionario. Zapata intentó sacar su pistola en los últimos momentos que le quedaban de vida. Alcanzó a girar su caballo alazán para tratar de regresar por el mismo zaguán por el que había entrado, pero ya con los brazos extendidos en cruz y próximo a caer sin vida. A su lado quedó muerto su fiel asistente Cortés, y dentro de las habitaciones de la hacienda el infortunado Feliciano Palacios, quien fue asesinado por Guajardo en el momento que se producían las descargas en contra de Emiliano… Las cosas venían de tiempo atrás. Ante la repetición del fraude para imponer a Porfirio Díaz en la Presidencia, agrupados en el club antirreeleccionista “Patricio Leyva” los jefes de los pueblos de Cuautla y Cuernavaca se organizaron durante los últimos días de diciembre para proseguir, ya no sólo las manifestaciones de protesta contra el régimen porfirista, también acciones de sabotaje. De cara a las noticias del asesinato de los Serdán y Puebla y el activismo de Madero, el 11 de marzo de 1911 Pablo Torres Burgos, Rafael Merino y Emiliano Zapata se amotinaron con gente de las comunidades de los alrededores de Villa de Ayala, desarmaron a la policía del pueblo y se leyó el Plan de San Luis Potosí en el kiosco de Villa de Ayala. Inició así la revolución maderista en Morelos. Los últimos días de ese mes, la gente amotinada saqueó las tiendas de Jojutla y Tlaquiltenango. En abril, jefes al mando de Zapata se apoderan de Yautepec y Jonacatepec. En mayo, en una de las batallas más sangrientas, Zapata en persona toma Cuautla y comienza poco a poco el lanzamiento del Plan de Ayala meses después. Se le denominará la revolución zapatista… Del asesinato del caudillo agrarista pronto se cumplirán cien años. Nombrado 2019 año de Emiliano Zapata por el presidente Andrés Manuel López Obrador, haciendo declaraciones al respecto algunos funcionarios de gobierno se llenan la boca… aunque tengan de zapatistas lo que Trump de izquierdista. No se trata de que algunos son extranjeros o mexicanos, el tema es hipocresía, oportunismo… (Me leen después).
Por: José Manuel Pérez Durán
