Cuernavaca será estrangulada, bloqueada la circulación vehicular en sus entradas y salidas, en el Paso Exprés, las avenidas Diana, Vicente Guerrero y Plan de Ayala, en Tabachines, El Polvorín y Chipitlán. Anunciado para este lunes por vecinos de colonias populares que no están dispuestos a padecer más cortes del suministro de agua potable, el de hoy podrá ser el peor bloqueo que hayan padecido los cuernavacenses si en las horas del fin de semana la Compañía Federal de Electricidad (CFE) y el Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Cuernavaca (SAPAC) no llegaron a un acuerdo. Se sumará a los tres tapones al tránsito vehicular de la semana anterior, parada la ciudad de cabeza pero en esta ocasión con el agravante de la tercera ola de la pandemia del Coid-19. Por un lado, la insensibilidad social de los altos funcionarios de la CFE; por el otro, la pobreza financiera del Ayuntamiento de Cuernavaca sin dinero suficiente para pagar la deuda histórica por el consumo de luz en los pozos de la ciudad, y en medio del “fuego cruzado” los habitantes de Cuernavaca que no tienen la culpa del problema.
Puesto en claro el problema, la solución está en manos de la CFE por medio de la firma de un convenio de pagos mensuales acordes con el presupuesto de la Comuna. Pero para ello faltaría la voluntad política del director general de la CFE, Manuel Bartlett Díaz, y eventualmente la intervención del presidente Andrés Manuel López Obrador. Vale decir: incluida la prepotencia de la CFE ante las suspensiones provisionales y definitivas de amparos a docenas de pozos, manantiales y rebombeos del SAPAC contra cortes de energía por parte de la paraestatal. Para saber en dónde estamos, recreemos el bloqueo de abril de 2017: Familias varadas en las esquinas aguardando impacientes el microbús que las lleve de regreso a casa y tardarán horas para poder llegar a casa. Los carros van a vuelta de rueda, paran, avanzan y retroceden. Tú vas bajando por la avenida Morelos a la altura del Diario. Tienes suerte o eso crees, alcanzas a ver que el carril sur-norte está despejado, te las arreglas para dar vuelta en “u” y consigues llegar a donde empieza Nezahualcóyotl. Pero de nada te sirve la maniobra; nuevamente quedas embotellado. A ratos debes apagar el motor, nadie avanza y tu carcacha amenaza calentarse. Para colmo, la gasolina está re cara y hace semanas que tu jefe no te paga viáticos. Como puedes, logras llegar a Acapantzingo. Sientes que sufriste pero ya pasaste Motolinía, bajaste por Leyva, seguiste por Rufino Tamayo y llegaste a Díaz Ordaz. De ahí a Tabachines será un brinco nomás, y una vez que agarres el libramiento no pararás hasta llegar a tu casa en Temixco. Para entonces llevas hora y media conduciendo, de tanto enclochar te duele la planta del pie izquierdo y tienes la espalda hecha cisco. Por fortuna te falta poco para llegar a Tabachines, dos cuadras solamente y estarás deslizándote en el libramiento de la autopista. Nuevamente calculas mal, el Paso Exprés no te libra del embotellamiento, es como el juego de la oca: carriles centrales sin acotamiento, camiones cargueros y de pasajeros que pasan rosando tus espejos laterales. Caes en la cuenta de que la nuestra es una ciudad de primera, porque manejamos en primera y no alcanzamos a meter segunda. Coches pegados con coches, besándose las “facias” hasta que al fin consigues llegar a tu hogar, dulce hogar. Ni te acuerdas de meter el “Vocho” al garage. Corres al baño y sólo después de que has vaciado la vejiga sientes que el alma te vuelve al cuerpo. ¡Puf!.. (Me leen después).
Por: José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com
