SEGÚN el censo de población y vivienda de 2010, el municipio de Jiutepec tiene 163 mil 427 habitantes. La principal ocupación es la construcción, seguida de la industria gracias a los empleos en la Ciudad Industrial del Valle de Cuernavaca (Civac), trabajos formales e informales y en un plano pequeño el campo. Esto último como consecuencia del crecimiento demográfico del que en este sentido “Jiute” es el segundo municipio de Morelos, urbanizado una gran parte de su territorio y comparativamente chica el área dedicada a la agricultura. Dentro de unos quince días, Jiutepec podrá presumir que es el municipio con el mejor alumbrado público de Morelos. Un par de semanas atrás, el alcalde Rafael Reyes Reyes precisó la expectativa, aseguró que el programa para iluminar todas las colonias y los poblados del municipio vecino ya registraba un avance del 88 por ciento, de modo que calculó que en la primera semana de diciembre logrará la renovación total de las luminarias. El tema tiene que ver con la seguridad pública, de calles, plazas y otros sitios artificialmente iluminados en las noches, no oscuros y tenebrosos para la comodidad del “trabajo” de la delincuencia. Y mejor si, como está haciendo el Ayuntamiento de Jiutepec, la estrategia de seguridad incluye la colocación de alarmas vecinales en instituciones y negocios ubicados en colonias identificadas como focos rojos. Sin embargo, infortunadamente no es el caso de Cuernavaca. Centrada la atención de la gente común en la noticia del día a día, vista la “estrategia” de la figura del gobierno que reacciona mediáticamente pero no marca agenda, distraídos los “analistas” de eventos de interés colectivo en la superficialidad del chisme político, parecería que nos hemos olvidado de lo verdaderamente importante. Cuernavaca no ha cambiado para bien, se halla igual o peor de mal que antes, subsiste la herencia nefasta a los capitalinos por parte de administraciones anteriores. Kilométrico el expediente de carencias, incapacidades y corruptelas en más de un sentido, el resumen es la anarquía que no por añeja consuela. Aquí unos pocos botones de muestra: alumbrado público casi al cero, convertidas en bocas de lobo lo mismo calles de colonias populares que avenidas de fraccionamientos residenciales, bulevares y plazas públicas. Baches: tantos como recordatorios familiares le granjean minuto a minuto a la autoridad. Basura: las bolsas que deja en la calle la gente cochina más la que no recogen los camiones recolectores; insuficientes, viejos y cochambrosos los botes de depósito en el Zócalo e inexistentes en otros espacios peatonales asimismo concurridos. Tránsito vehicular: caótico, complacientes los policías de vialidad con choferes de “rutas” y taxis, dedicados a juntar “el entre” diario para “el jefe”, extorsionando preferentemente a automovilistas fuereños pero sin dejar escapar a los lugareños. Estacionamiento: la “transa” compartida por dueños de restaurantes y empresas de vallets parkings que aparcan los coches en las calles cercanas, advertidos los clientes de que “la casa” no se hace responsable de robos o daños a los vehículos. Imagen urbana: sin orden ni concierto, caótica, plagadas las fachadas de anuncios de todos colores, tamaños y estilos, contaminado el paisaje por “espectaculares” con o sin permiso de la autoridad, tendidos de una acera a la otra los cables de luz, clavados los postes a media banqueta y colgadas de paredes las telarañas de alambres. Invasión de áreas peatonales: los restaurantes zocaleros y el edificio Las Plazas, rentados los pasillos que no le son propios, sino de la ciudad, arbitrario el permiso y sospechosa “la mordida” para el jefe de la dependencia respectiva... Y mucho más de esto que, si no merece una ciudad, la pregunta es hasta cuándo. Los cuernavacences comprenden que el Ayuntamiento no tiene dinero suficiente con el cual poder resolver rápidamente algunos problemas. Debe hasta la camisa, pues heredó una montaña de deudas, pero había entuertos que poco a poco ha venido resolviendo. Solo, el alcalde Antonio Villalobos Adán no puede con todo, pero hace la lucha. Allá sus colaboradores si le ocultan o maquillan la información. Conoce Cuernavaca, aquí nació y de aquí es, no como otros… (Me leen mañana).
José Manuel Pérez Durán
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