De acuerdo a especialistas en desarrollo sustentable y atracción de inversiones, Morelos se encuentra en una disyuntiva por demás particular. Por un lado, el gobierno lleva años promocionando a la entidad como un “paradigma o territorio del conocimiento” y, por otro, carece aún de condiciones adecuadas para incrementar la planta productiva y la consecuente generación de puestos de trabajo. Tales condiciones son, por citar algunas, el abatimiento de la tramitología, la disminución tiempo de apertura de negocios, respeto a las estrategias del uso del suelo, incentivos fiscales a las empresas de primera generación, fomento a las a las vocaciones económicas regionales y el auge de las empresas con base tecnológica propia. Sobre los clusters de manufacturas prometedoras en el estado de Morelos, la infraestructura física se orienta a la prestación de servicios de calidad en el terreno de electricidad, agua, aire, vías de comunicación y, sobre todo, la consolidación del aeropuerto de la Cuernavaca que nomás no despega. La infraestructura física requerida se enfoca principalmente al desarrollo de edificaciones no residenciales destinadas a la educación, impartición de seminarios y talleres de actualización, así como hospedaje y prestación de servicios turísticos. La infraestructura tecnológica requiere formación de expertos en las áreas de estudio de suelos, manejos de plagas y ambiental, proveedores de conocimientos, investigación terapéutica en productos naturales y acceso a la red. También son necesarios investigadores y especialistas en ingeniería agropecuaria, informática, tecnología aplicada y outsourcing en manejo de riesgos y tiempo de información financiera y administrativa para la toma de decisiones. En el mismo tenor es conveniente la vinculación de los centros de investigación existentes en Morelos con las actividades prometedoras de la región.Todo sea en provecho de quien se anime a invertir en Morelos y no fracase en el intento… Valga la perogrullada: el del uso del suelo es un problema de raíz. Ninguna inversión está segura si no hay seguridad en el adecuado y legal usufructo de la tierra sobre la que se pisa y sobre la que se construye un negocio. Ahí es donde entra la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano. Pero a la fecha no existe coordinación entre ayuntamientos y los gobiernos estatal y federal para crear o establecer –de común acuerdo– las reservas territoriales adecuadas y necesarias para el crecimiento urbano. Esto incluye empresas y negocios de todo tipo y tamaño. Hace unos trece años –9 de mayo de 2008– que por decreto del Gobierno Federal se echó andar el programa para la Constitución de Reservas Territoriales Prioritarias para el Desarrollo Urbano. Implicó que los ayuntamientos de todo el país pactaran convenios con la Comisión para la Regularización de la Tenencia de la Tierra (CORETT) en los que destinaron o señalaron las superficies de terreno susceptibles de urbanizarse para vivienda, empresas, negocios, entre otros usos de suelos. Enésima, la pretensión fue meter orden en un desorden ancestral, mediante un plan que literalmente fuera ganando terreno, firmados entonces convenios de crecimiento ordenado por las comunas de Cuernavaca, Cuautla, Jojutla, Jiutepec, Temixco y Yautepec, y prestos a hacerlo Mazatepec, Amacuzac, Zacatepec, Tlaquiltenango y Tlaltizapán… Sin embargo, faltó por saber quién metería al cincho del orden a los invasores profesionales. El ejemplo fue de funcionarios corruptos y corruptores que en lugar de expulsar a los fraccionadores ilegales de El Texcal, “legalizaron” las ocupaciones ilegales, le quitaron la categoría de reserva ecológica y le enjaretaron el título de “parque estatal”, en un proceso encaminado a la venta de la concesión a algún particular con relaciones políticas para otro parque manejado por manos privadas. Mientras tanto, continuó la depredación. Y así hasta hoy… (Me leen después).
Por: José Manuel Pérez Durán jmperezduran@hotmail.com
