Villa Vaca se llama el sitio del drama constante, desparramado el caserío sobre el valle verde surcado por colinas y cañadas otrora habitado por personas felices. Hoy, acosada por el crimen la gente de Villa Vaca no sale de noche; apenas se oculta el sol se encierra en sus viviendas. Afuera el peligro acecha. Adriana y Norma se mueren de ganas por ir al antro, pero sus padres no las dejan. Les repiten: “Es peligroso”.

Pero a la edad de veinte el peligro parece no existir. Adriana les pide permiso a sus padres para pasar la noche en la casa de Norma. Miente: “Vamos a estudiar; el lunes tenemos examen virtual”. Ruega hasta salirse con la suya. Al rato, las chicas se escurren por la ventana que da a la calle, caminan de puntitas llevando en las manos los zapatos de tacón para no hacer ruido en el empedrado de la privada donde acordaron encontrarse con sus novios.

En el antro la música revienta los oídos, traspasa los muros del vecindario que lleva meses reportando al 911 que los fines de semana no pueden dormir. Un par de horas más tarde, Adriana batalla para convencer a Norma que deben irse a sus casas. Norma se resiste: “No mames, güey, apenas es la una, todavía es temprano”. Adriana insiste: “si mi mamá despierta, va a mi recámara y no me ve, capaz que sale a buscarme y se hace el escándalo en la familia”.

Finalmente se van en un uber, y sus novios que han decidido quedarse, avispados por el alcohol aseguran: “No pasa nada”. Pero sí pasa. Media hora más tarde el bar es un infierno. Los gritos de las chicas y los jóvenes son apagados por el tableteo de las ametralladoras que vomitan plomo.

El novio de Norma cae al piso, tocado de muerte en el pecho por la herida que semeja una flor roja sobre el blanco de la camisa. Los sicarios desaparecen, huyen como llegaron, rápidos, mirando a todos lados, entrenados por la práctica de la impunidad.

Poco tardarán en llegar los policías, los peritos y los paramédicos. Recorren con la vista el escenario macabro, levantan cuerpos, atienden lesionados, los parroquianos que salieron ilesos ya se fueron en sus coches y los que no son subidos a las ambulancias que los llevarán al hospital.

Concluida la diligencia macabra, el agente del Ministerio Público murmura el saldo: siete muertos y nueve heridos. La crónica de la violencia anunciada no ha tenido lugar en la aldea de Aracataca que la novela de Gabriel García Márquez describe al pie de Los Andes, sino miles de kilómetros al norte, en una ciudad acosada por el crimen que es observada desde la distancia por un volcán enojado, y por eso sus exabruptos de ceniza y fuego reprochando la ineficacia del gobierno de forasteros.

Pero Villa Vaca no fue siempre un escenario de violencia constante. Óscar recuerda tiempos idos: Una noche de treinta años atrás el tráfico vehicular rueda despacio, denso. Son apenas las diez y la taquería ya está repleta de familias felices, de parejas de novios acarameladas, grupos de muchachos bromistas. Óscar ordena tres de chuleta mientras José opta por los de al pastor. “Quince, por favor, con piñita, unos frijoles charros y una cheve bien fría”, urge al mesero para justificarse con José que lo mira burlón. “Están bien chiquitos; el otro día me comí veinte y con trabajos me llené”.

Después, al bar de los viernes. “Para calentar motores, quién quita y agarramos algo”, propone José. “Pues sólo que una pulmonía”. Ríen hasta la carcajada porque cuando se tiene lo necesario a la gente alegra cualquier nimiedad.

En Villa Vaca hay trabajo, casi todos lo tienen, no ganan mucho pero les alcanza para lo básico y un poco más. José trabaja en una oficina de gobierno y Óscar le ayuda a su padre en la tienda de abarrotes heredada del abuelo.

Así era Villa Vaca treinta años atrás. Hoy, el cincuentón José rememora nostálgico: “Antes había seguridad, no como ahora que hay asesinatos, secuestros, robos en la calle y adentro de las casas, sirenas de patrullas y ambulancias chillando de día y de noche”…

(Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com 

Cumple los criterios de The Trust Project

Saber más

Síguenos en Google Noticias para mantenerte siempre informado

Sigue el canal de Diario De Morelos en WhatsApp