Hecha en una ciudad del norte de México, una declaración hecha ante la fe de un notario público por Francisco Antonio Villalobos Adán intenta una póliza de seguro de vida, responsabiliza de cualquier cosa nefasta que le sucedan a él y a los suyos a personajes específicos de la política de acá. Pongámoslo así, omitidos por ahora datos del conocimiento del columnista como los nombres de la entidad norteña y del presidente municipal en funciones con el que Villalobos se entrevistó. Y el quid: que la diligencia notarial realizada allá para tutelar la integridad física del personaje de acá está conectada con una situación local que no por soterrada es desconocida por la sociedad cuernavacense: la animadversión manifiesta del gobernador Cuauhtémoc Blanco Bravo y el jefe de la oficina de la gubernatura, José Manuel Sanz Rivera, hacia Villalobos Adán. ¿Por qué precisamente? Los detalles sólo ellos lo saben, pero la síntesis del trascendido lleva semanas en los mentideros políticos, en el sentido de que Cuauhtémoc y Sanz “no quieren a Villalobos como alcalde de Cuernavaca”. Y la respuesta consecuente, que no se trata de querer o no a un sujeto que, como en una ocasión declaró el mismo Cuauhtémoc, “no es del equipo”. Es un tema de legalidad que, avalada y confirmada por autoridades electorales la condición de “Toño” Villalobos como presidente municipal electo de Cuernavaca, tienen clara en la dirigencia nacional de Morena, incluidos los reportes recurrentes a Andrés Manuel López Obrador sobre la voracidad económica y la política contraria a la honorabilidad de dirigentes e individuos  del PES. Obligado el paréntesis por la consulta ciudadana a propósito del aeropuerto de Santa Lucía o el de Texcoco, ello no cancela la inconformidad de lopezobradoristas auténticos ante la vulgaridad de falsos morenistas... LAS netas están en la calle, los pueblos, las ciudades. En el comercio el pez grande se come al chico. El lamento de dueños de pequeñas zapaterías ubicadas en la Zona Rosa, reprochando al gobierno los descensos en sus ventas hasta del cuarenta por ciento, es solamente un ejemplo de los embates que en los últimos años ha venido resintiendo el comercio tradicional de Cuernavaca. Advierten tablajeros del mercado Adolfo López Mateos que hace meses están en las mismas condiciones. Hoy, las carnicerías y las viscerías que en el mayor centro de abasto de Morelos funcionan hace medio siglo venden cincuenta por ciento menos que antes de que llegaran las grandes cadenas de tiendas de autoservicio y pusieran carnicerías. No obstante que la carne del ALM es más fresca, dada la incomodidad e inseguridad del gran centro comercial los consumidores optan por la comodidad y la seguridad de los supermercados, cuyas áreas de carnes ofrecen productos no siempre frescos y que, refrigerados durante días, se despachan empacados. Otro tanto ha ocurrido en los casos de las farmacias tradicionales y las tiendas de barrio. Desaparecieron, de manera paulatina, frente a las cadenas nacionales, al punto de sobrevivir unas cuantas que según se va poco tardarán en cerrar. Tal es el reflejo de una competencia dispareja, en la que los comercios modestos que tradicionalmente fueron “al día”, vendiendo mañana lo que compraban hoy, terminaron siendo desplazados por el poderío de los establecimientos franquiciados, cuyos capitales y organización les permiten adquirir altos volúmenes de mercancía. Y la consecuencia: de un lado, cientos de familias en la bancarrota tras cerrar establecimientos comerciales que en Cuernavaca fueron tradicionales, y del otro, capitales foráneos que llegaron y siguen arribando para hacer negocios. Crean nuevas fuentes de empleos, aunque no en todos los casos bien remunerados de dos y tres salarios mínimos promedio, muchos pagan impuestos federales en la Ciudad de México y en otras entidades. Es, pues, uno de los múltiples rostros de la modernidad que no gusta a todos, que llegó para quedarse a partir de hace un par de décadas, cuando empezaron a hacerse presentes los negocios de franquicia impulsados por el globalismo priísta del salinato, luego por los gobiernos de derecha emanados del Partido Acción Nacional y en seguida la administración de Enrique Peña Nieto, del PRI, no por nada relegado al cuarto lugar de la elección presidencial de julio pasado. A despecho del antilopezobradorismo, no hay vuelta atrás… (Me leen después). 

 

Por: José Manuel Pérez Durán

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