Pareciera que desde su origen el ala “liberal y progresista” estuviera condenada a fragmentarse eternamente. No es que la derecha “ortodoxa y conservadora” sea un monolito y dechado de unidad, pero las de izquierda han sido las rupturas más estridentes… LOS ORÍGENES. Sin entrar en grandes detalles, hay que recordar que los primeros militantes de la izquierda en México, con un programa de acción vertebrado, fueron los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón, fundadores del periódico “Regeneración” y del Partido Liberal Mexicano, influenciados por socialistas rusos y alemanes. Junto con los hermanos y hermanas de Aquiles Serdán, en Puebla, antes que Francisco I. Madero los oaxaqueños Ricardo y Enrique son considerados como los precursores de la Revolución Mexicana. Terminada la fase “bronca” de la Revolución, entre los años ‘20 y ’30 el Partido Comunista de México contaba entre sus filas al muralista Diego Rivera y a su mujer, la pintora Frida Kahlo, aun cuando la expulsión del primero fue uno de aquellos quebrantos de los que anotamos arriba. Desde el principio, la izquierda se distinguió en lo que luego llamarían “tribus” o corrientes ideológicas de prosélitos adoradores de su santo patrono político… POSMODERNOS. En una de tantas encrucijadas surgió el Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN), apodado “el ferrocarril” por su acrónimo y largo nombre. Según sus propios estatutos, el PFCRN tendría como fundamento al pensamiento político e ideológico del ex presidente Lázaro Cárdenas del Río, a quien incluso ubicaban como autor intelectual del este partido ante las muestras de neoliberalismo y corrupción que sellaban los presidentes emanados del PRI. Tras la elección de 1988, el PFCRN fue el primero de los partidos del Frente Democrático Nacional que se separó, conservando para sí el mayor número de diputados. Casi enseguida, esos diputados constituyeron su propia fracción y retornaron a su postura anterior de apoyo al PRI y al gobierno. Fueron unos “chaqueteros”. En 1987, en un esfuerzo para unificar a las distintas fuerzas de la izquierda, el PMT y el Partido Socialista Unificado de México se fusionaron y crearon el Partido Mexicano Socialista. Dos años después, cedería su registro al Partido de la Revolución Democrática. Como se ha podido constatar, el divisionismo está en el ADN de la izquierda mexicana... CAUSAS. Los analistas de la izquierda mexicana coinciden en adjudicar tres causas principales a las constantes rupturas y diferencias entre sus integrantes. Primero, sus organizaciones políticas tienen pocos y débiles vínculos con los movimientos políticos y sociales. Un breve recuento de acontecimientos que de alguna u otra forma tuvieron una repercusión política importante en la vida del país da cuenta de la falta de relación con los mismos de los partidos políticos de izquierda, principalmente el PRD. La escasa presencia e influencia de la izquierda partidista en el movimiento sindical mexicano, por ejemplo, refiere esta situación. La lista no se agota con éstas, pero son las consideradas “representativas” de la pulverización del espectro izquierdista, como ya vimos, desde sus orígenes a la fecha. Salvo el de Andrés Manuel López Obrador, que logró una amplia base social en casi todo México, los movimientos de la izquierda se identifican por su falta de contacto real con la gente y sus carencias. Las viejas disputas y “purgas” en el interior de las organizaciones de la izquierda nacional, la obstaculización de algunas de sus fracciones e individuos por los grupos de poder económico y político y, sobre todo, las traiciones a los idearios izquierdistas y libertarios emanados del siglo XX han dado al traste con cualquier intento de unificación de la izquierda a escala nacional. El factor tres de divisionismo es la aparición de nuevas demandas políticas y sociales con sus originales formas de lucha. El Frente Democrático Nacional, del que surgió el PRD, y la aparición del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), de López Obrador, ilustran lo anterior. Se trata de denunciar la corrupción estructural de las clases dominantes mexicanas, que haciendo una apropiación privada de lo público han violentado el derecho por sistema, prácticas en las que también han incurrido militantes de la izquierda que han arribado al poder. Así se han construido en nuestro país los grandes fraudes a la nación que ocuparía varias páginas exponer, pero para muestra sobran “Los amigos de Fox” y el “Pemexgate”, las casas blancas de Ernesto Peña Nieto y Luis Videgaray... (Me leen después). 

 

José Manuel Pérez Durán
jmperezduran@hotmail.com 

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