Por años se le llamó La Curva de la Muerte o De la Escondida. El conductor iba de Cuernavaca a Cuautla y el piso sinuoso “lo jalaba”. Había que pasar con mucho cuidado, despacio, frenando el coche estándar con motor y desde metros antes con el pie derecho los automáticos para no derrapar. Cuantimás los tráileres y los tórtons para no volcarse y los chafiretes poder volverlo a contar.
Si la memoria, que es flaca y debilucha, no traiciona al columnista, en ese tramo los accidentes no dejaron de menudear sino hasta que por allá de mediados de los ochenta el gobernador Lauro Ortega amplió a cuatro carriles la carretera Cuernavaca-Cuautla. Para entonces los años habían acumulado docenas, cuando no cientos de muertos y lisiados en la curva peligrosa. Algo parecido sucedía en La Pera de la autopista Cuernavaca-México, dirían luego los que decían saber: cerrada la curva de peralte demasiado estrecho ponía a los vehículos en dos ruedas hasta que el defecto carretero fue corregido. Otras pueden ser las causas de los desaguisados en la carretera Chalco-Cuautla, entre Atlatlahucan y Tepalcingo, pero de la manera que sea el problema son los accidentes que ahí llevan años escenificándose.
Menudean, ocurren tiro por viaje con pérdidas materiales y, lo peor, saldos fatales que a la autoridad no parecen preocupar gran cosa. Los cafres “le meten la chancla”, la gente que vive en los bordes del asfaltado se ha acostumbrado a presenciar escenas de muerte, e inclusive los perros –que suelen ser más inteligentes que algunos humanos– cruzan con cuidado. Ocurrió nuevamente el martes en la dicha carretera, a la altura del fraccionamiento Villas de Tetelcingo donde temprana la mañana un tráiler le pegó a una camioneta tipo Van de la Ruta l6. Fue apenas un empujoncito, pero, multiplicada la fuerza por la velocidad y el peso del armatoste, murieron dos pasajeros y dieciocho sufrieron lesiones.
Lo cual bastó y sobró para que la diputada del PT, Tania Valentina, pusiera como lazo de cuino a Fidel Jiménez, el secretario de Obras Públicas a quien culpó de los accidentes que tienen lugar en el kilómetro 56+100 de la carretera Chalco-Cuautla. Consideró: porque Giménez tiene a su cargo “el liderazgo” para llevar a cabo ahí la construcción de la rampa de frenado. Y detalló: “esta obra cuenta con 25 millones de pesos para su ejecución por parte del gobierno del presidente López Obrador (pero) lo que falta para hacerla realidad es la compra de los terrenos ejidales (no obstante que) el secretario de Obras cuenta ya con suficiencia presupuestal de casi 6 millones de pesos para llevar a cabo la compra”.
El accidente del martes no sucedió en el sitio preciso donde se ha propuesto la rampa, pero sí en la zona donde los habitantes han demandado, hasta hoy con insistencia inútil, la construcción de una rampa que frene a los camiones de carga y pasajeros así como a los vehículos de servicio particular que pasan como locos y por eso muy seguido se accidentan. El jalón de orejas por parte de Tania a Fidel coincide con el comentario atrilero del lunes pasado, sobre que la presidenta de la Junta Política y de Gobierno del Congreso Estatal, Alejandra Flores Espinoza, reveló que en la glosa del informe del Ejecutivo los diputados y las diputadas pidieron los cambios de otros funcionarios y de Giménez. Sin embargo, estando en el ajo los 25 millones de pesos para la obra y casi seis millones más para la compra de terrenos que menciona Tania, ¿el fondo del pleito es por los “moches”? Si alguien lo sabe que hable ahora o calle para siempre... (Me leen después).
JOSÉ MANUEL PÉREZ DURÁN
