Los antecedentes de Ramón Castro Castro pueden ruborizar, incluso, el cinismo de los maleantes. Uno: fue señalado de construir una residencia de 10 millones de pesos así como de proteger a curas pederastas, y en Morelos la comunidad de Tepalcingo interpuso una demanda judicial por el robo de una custodia valiosísima y por el mal manejo de los ingresos procedentes de la feria de ese pueblo que limita con el estado de Puebla. Dos: El ex seminarista Felipe Izquierdo lo acusó judicialmente de proteger a dos sacerdotes pederastas que abusaron de él en Campeche, entre el 2007 y el 2008. Luis Felipe Yzquierdo Cundafe, entonces un misionero de 16 años, acusó a un grupo de sacerdotes de haberlo violado durante dos años en la Parroquia de la Divina Providencia, la Casa Parroquial de Hecelchakán y la Casa Parroquial del Sagrado Corazón de Jesús. Emigrado a Santiago de Chile, antes Luis Felipe emprendió un juicio civil por daño moral y psicológico en el que declaró que se acercó al obispo Castro, pero que en lugar de que éste actuara en contra de los presuntos violadores, su “solución” fue cambiarlo de parroquia y ofrecerle dinero para que guardara silencio. Tres: El Movimiento por la Igualdad en México interpuso una queja ante la Conapred, por actos de discriminación en contra de parejas del mismo sexo. Cuatro: Ramón va en contra del desarrollo económico del estado y promueve acciones en contra de la minería en Morelos, a través de sus lugartenientes Jesús Longar y Abel Guadarrama. Los párrocos de Miacatlán y Acapatzingo que gustan de tener en sus iglesias la mayor presencia posible de oro en retablos, imágenes y utensilios, buscan evitar que se concrete una inversión de 10 mil millones de pesos en Morelos, como si la situación económica de la mayoría de las familias del estado fuera de gran bonanza. Si realmente el párroco Guadarrama está preocupado por el medio ambiente y sus acciones no sólo son protagónicas y lucrativas, entonces por qué omite temas de vital importancia como la grave situación delictiva que priva en el municipio de Huitzilac, donde históricamente la tala clandestina de cientos de árboles ha sido un negocio del crimen organizado. Ahí, decenas de hombres y menores de edad armados custodian en cinturones de vigilancia el terrible ecocidio, al que los ambientalistas y “activistas sociales” morelenses simplemente no voltean a ver. Cuatro: El periódico El Financiero publicó el 11 de septiembre de 2016: “Ramón Castro y Castro, un obispo que crece en poder (..). Como obispo de Campeche, fue muy eficiente en el terreno pastoral (..) Por el contrario se le acusó de ser afecto al lujo –construyó una residencia de más de 10 millones de pesos– y de proteger a curas pederastas procedentes de otras diócesis. Cuatro: En junio de 2017, comenté aquí: “Castro soltó el báculo, y señalándolos con la mirada pretextó: “No digo sus nombres, porque me voy a comprometer y luego hasta me meten a la cárcel, pero vamos a darles un aplauso fuerte, por favor”. Entre las personas para las que el Obispo pidió un aplauso “fuerte” estaba el ex rector de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Alejandro Vera Jiménez, el mismo que en marzo de 2021 huiría de Morelos, y posiblemente de México, cuando no se presentó a la audiencia en la que sería imputado del delito de peculado. Hasta el día de hoy el ex rector y ex candidato a gobernador es prófugo de la justicia... (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán jmperezduran@hotmail.com 

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