La tala ilegal del bosque del Huitzilac continuará hasta en tanto no haya suficientes empleos, lo que nunca ha sucedido en este municipio ubicado al norte de Cuernavaca. Desgraciadamente, el aserradero clandestino que fue asegurado por fuerzas federales la madrugada del lunes anterior no es el primero, pero tampoco será el último, y el decomiso de 33.69 metros cuadrados de madera uno de tantos. La madrugada del 8 enero de 2022, agentes de la Guardia Nacional y del Ejército Mexicano catearon el paraje conocido como “La Quebradora”, en Huitzilac, donde presuntamente funcionaba un aserradero clandestino. Unos sesenta lugareños reaccionaron quemando llantas y bloqueando la carretera con troncos. A través de redes sociales algunos avisaron que dos grupos de militares y policías federales habían entrado por la carretera federal y la autopista México-Cuernavaca, por lo que se reunieron sobre la carretera que conduce a las Lagunas de Zempoala. Derribaron árboles y quemaron llantas para bloquear la salida de los elementos federales.

Al cabo del tiempo, millones de metros cúbicos de madera han sido saqueados en Huitzilac. Ahí es normal que el silencio de la noche sea interrumpido por el ruido de las motosierras, de hombres matando árboles.

Sin ser reciente, este dato da una idea de la magnitud y la antigüedad del problema. La noche del 11 de mayo de 2004, elementos de la Policía Preventiva Estatal y de la Comisión Estatal de Agua y Medio Ambiente decomisaron once tráileres cargados con 869 metros cúbicos de madera talada ilegalmente.

La gente de Huitzilac recuerda que en el municipio vecino de Ocuilan, Estado de México, fueron devastadas cien hectáreas del paraje Ocoyotongo por talamontes de la comunidad de San Juan Atzingo.

La tala ilegal del bosque se inserta en la atmósfera de inseguridad que también es histórica en el municipio de Huitzilac. El tramo Zempoala de la carretera federal Cuernavaca-Toluca ha cobrado cientos de vidas, asesinadas la mayoría y accidentadas las menos. Las bandas de salteadores de caminos que operan en ese lugar vienen de generaciones atrás. Impunes los más y apresados de vez en cuando los menos, roban, matan, vejan, asustan. En la carretera bordeada por el bosque espeso transitan vehículos de carga, de pasajeros y automotores particulares, evitan la ida a la Ciudad de México, usan el atajo y ahorran tiempo, pero ponen en riesgo la vida. Listos los depredadores para caer sobre sus presas, se agazapan en medio de la oscuridad y la soledad de la selva de pinos, ponen piedras en la carretera, emboscan a hombres y mujeres, les roban cuanto de valor llevan y a veces matan. Los lugareños los conocen, pero por seguridad no los delatan. Cuando la policía o el ejército llegan al escenario del atraco es demasiado tarde, los malhechores han desaparecido y, si vivas salieron, las víctimas pasan por el calvario de la declaración ministerial, el reporte de los celulares robados, la frustración de que no recuperarán los objetos y el dinero perdidos más el coraje de que los asaltantes no serán encarcelados.

En marzo de 2021, según una declaración del entonces fiscal Uriel Carmona Gándara, un operativo contra la tala ilegal de los bosques del área de Fierro del Toro desató la violencia en Huitzilac. Un grupo de vecinos le prendió fuego al Palacio Municipal, y comuneros que atestiguaron el incidente dijeron que la protesta se debió a la detención “irregular” de una docena de vecinos y a la muerte de uno de ellos en un enfrentamiento con agentes de la Guardia Nacional. Como siempre, ninguna autoridad, estatal o federal, destacó el fondo del problema: desempleo, desigualdad, corrupción… (Me leen mañana).

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