No es de ahora el exceso de personal en el Ayuntamiento de Cuernavaca, empezó hace veinte años, incrementado sucesivamente a partir de la administración panista de 1997-2000. “El desmadre arrancó con el PAN”, recuerda un trabajador pensionado. Completa el columnista: continuó con el PRD, PRI, PRD y el debut del PES que más tarde gobernaría la capital heredándole a Morena 4 mil 400 trabajadores en 2018. Se detalló entonces: el 52 por ciento eran trabajadores pensionados-jubilados y activos el resto agrupados en cinco sindicatos contra uno de tres décadas atrás. Hoy, esto explica una parte de la mega crisis económica de la Comuna capitalina, donde si las finanzas ya andaban arrastrando la cobija, hace año y medio la pandemia del Covid-19 llegó a darle la puntilla… ¿Cabe la reflexión? Del liberalismo económico del siglo XIX que desembocó en el “capitalismo salvaje” del XX, los países transitaron al neoliberalismo de las dos últimas décadas de la centuria anterior, con el saldo del paso de la pobreza a la miseria llamada eufemísticamente “pobreza extrema”. En términos de calidad de vida, la miseria representa zonas marginadas dentro y alrededor de las ciudades, sin o escasos servicios públicos, cero alumbrado público y vigilancia. Son áreas que se convirtieron en “tierra de nadie”, explotadas por bandas de la delincuencia común y organizada. Un ejemplo es la Megalópolis del Centro de México (MCM), compuesta por Pachuca, Toluca, Distrito Federal, Tlaxcala y Cuernavaca. En el ámbito local y en las primeras dos décadas del siglo XXI, además de haberse borrado el rostro rural de Morelos y buena parte de sus idílicos parajes, el paisaje morelense degeneró en urbanismo desordenado Al igual que muchas zonas conurbadas de México, en Morelos hay zonas de auténtica marginación y miseria. Se puede decir que hasta principios del siglo XX en nuestra entidad y buena parte del país hubo, en efecto, pobreza, pero no miseria. En la primera condición la gente tiene asegurados los elementos básicos para subsistir, en la segunda se vive al día y en muchas ocasiones la gente no tiene ni para comer. Ésa es la pobreza extrema. Son las condiciones o “caldo de cultivo” para que los jóvenes marginados, sin posibilidades de estudio ni de trabajo, sean absorbidos por el espejismo del dinero fácil que propicia la delincuencia organizada. Bombardeados por mensajes de los medios electrónicos e Internet que describen los “paraísos artificiales” que sólo un magnífico ingreso puede lograr, los jóvenes sin alternativas son presa fácil del crimen. Con el cambio del paisaje territorial se ha transformado también el paradigma del éxito. Antes, ser abogado, ingeniero, médico, licenciado, era una aspiración de los jóvenes de la mayoría de las familias. Pero al cancelarse las oportunidades de trabajo, debido a la contracción de la oferta por erradas políticas económicas, los egresados de esas y otras profesiones se convierten en desempleados “de lujo” o subempleados, por lo que muchos manejan taxis, venden cursos de inglés, trabajan por horas en alguna tienda departamental. Egresadas o no de universidades, mujeres laboran en zapaterías o en mostradores de todo tipo de comercios para completar el gasto familiar. Peor aún si son madres solteras o el marido aporta poco o nada a la manutención familiar. Las circunstancias de la gran mayoría de la gente no son las favorables como para presumir aquello de “vivir mejor”, como alardean los spots gubernamentales. La miseria abunda y sigue aumentado... (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán jmperezduran@hotmail.com 

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