Los relojes acaban de marcar la una de la tarde. Son las 13.10, es miércoles y el panorama es normal. Denso el tráfico, los motores atizan el calor. Carros y camionetas con niños a bordo que recién salieron de la escuela y mamás retrasadas que apenas van por ellos. Taxis, rutas, camiones cargueros y toda suerte de vehículos circulan despacio hacia las calles del centro o con dirección a la autopista. Clientes y empleados de los negocios enfrente del camellón infestado de yerba y basura. La rutina en la calle Ruiz Cortines de la colonia Acapantzingo. De pronto escuchan ruidos como de cohetes. Pero no son cohetes, son balazos disparados por uno o los dos sujetos a los que ven correr tras un hombre. Lo alcanzan, lo balean. Es un treintañero o con pocos años más que cae boca abajo. Los tiros le dieron en el rostro. Respira por última vez. Muere. Los sicarios huyen en la motocicleta en la que llegaron. Si un policía estuvo cerca, nadie lo vio. Una vez más la ciudad ha atestiguado el método del sicario en “moto”. De esto se viene hablando hace meses en Cuernavaca, de que nada se ha hecho para contener tanto crimen no obstante tratarse de un viejo elemento de inseguridad pública que atacado exitosamente en otros países. En Colombia hace años está prohibido que dos personas viajen en motocicleta, así que aplicar esta medida en Morelos sería algo útil pero la autoridad se está tardando demasiado para hacerlo. Semanas atrás, el secretario de gobierno, Pablo Ojeda, adelantó que el Poder Ejecutivo elaboró –o estaba redactando– una iniciativa de ley que “en breve” sería presentada. Resumió que se aprovecharían “las mejores prácticas internacionales” de otros países, como Colombia que ha padecido el mismo fenómeno delictivo. El columnista acotó que no de ahora sino hace mucho tiempo hay material al respecto y es del conocimiento público. Resumí sólo un poco de lo que se ha publicado en Colombia y en otros países: En Medellín, la tierra del capo del narcotráfico Pablo Escobar Gaviria, por décadas las motocicletas han sido una herramienta mortal utilizadas por sicarios para acercarse a sus víctimas. Se desplazan en parejas, el conductor y el matón se ponen a un lado de su objetivo, el sicario le dispara y se alejan rápidamente. Las autoridades colombianas combaten los asesinatos en motocicletas exigiendo que los motociclistas usen chalecos reflejantes y cascos donde muestren los números de sus placas. En este contexto, hasta hoy tienen vigencia datos duros como éstos: Durante los primeros diez meses del 2012 Medellín registró 176 asesinatos en motocicletas, lo que representó el 15% de todos los homicidios, de acuerdo a una declaración de Eduardo Rojas León, secretario de Seguridad de esa ciudad. En la misma época, para disminuir la cantidad de crímenes en los cuales se usaron motocicletas el alcalde de Medellín, Aníbal Gaviria Correa, firmó una ley piloto que prohibió que, incluidos los niños varones, los hombres viajen en motocicletas como pasajeros entre las 8 a.m. y las 10 p.m. Pregunté si hoy día la frase que dijo León aplica a Cuernavaca: “Aquí siempre tenemos presente que una motocicleta con un pasajero varón es sinónimo de sicarios y peligro”. En agosto de 2015 se publicó que, de acuerdo a informes gubernamentales, desde el año 2012 habían sido asesinados mil quinientos guatemaltecos por criminales que se movilizaron en motocicletas. La cifra puso de relieve el amplio uso en Latinoamérica de una táctica de asesinato que se popularizó en Colombia durante la era de Escobar y el cartel de Medellín. Desde entonces. A nivel local, el secretario técnico de la Comisión Estatal de Seguridad (CES), Mario Isaac Vargas Santomé, reiteró en El Diario que son las motocicletas los vehículos más usados para cometer homicidios. Aseguró que de diciembre a mediados de mayo la CES había revisado 80 mil motocicletas, y que en la mesa interinstitucional de coordinación para la paz y la seguridad se observaba la permanencia del uso de este tipo de vehículo para cometer ilícitos. Dicho de otro modo, en el Gobierno del Estado conocen de sobra el método de la moto de los sicarios, y tienen la solución o una parte de la misma pero no la aplican. Por lo demás, no será la ocurrencia de que este sábado personajes de la clase gobernante marchen por la paz al lado del obispo Ramón Castro como en Morelos se resuelva el problema creciente de la inseguridad… (Me leen el lunes).

 

José Manuel Pérez Durán
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