En unas semanas la señal de “¡en sus marcas!” estará dada, será la de “!listos!” y el disparo de “!arranquen!”. Las campañas estarán marcadas por la brevedad, la intensidad y seguramente los escándalos, guerra sucia y señalamientos de rebase de topes de campaña. Es decir, un guión electorero cien veces visto que sin embargo pone en vilo al país. Ocurre entre otras cosas por la esperanza de que el electorado le atine a buenos candidatos que no incurran en fraude financiero, electrónico, cibernético al estilo del PRIAN.
Los que corren son los días no de destapar a candidatos, sino de definir quién jala con quién y quiénes se juntan para impedir que llegue el “enemigo número uno”. Tales son los acuerdos que ahora se cocinan entre las dirigencias de partidos de oposición.
Por lo tanto, antes de adelantar vísperas con los predestapes y destapes a un montón de cargos, es necesario dejar clara la diferencia entre “alianza” y “coalición”. Después del consultar el tumbaburros ideológicopolítico, aquí la ponemos fácil: la primera es la unión circunstancial, temporal y convenenciera para llevar al poder a un grupo de opositores. Punto. La alianza es de corto alcance en lo político y temporal, en cambio la coalición puede y debe tener un alcance más amplio, de manera que incluso pueda llevar a diferentes fuerzas políticas y hasta antagónicas al poder. Una materia sobre la que damos los siguientes antecedentes:
Aunque algunas organizaciones se unían para obtener fines comunes en términos electorales, fue hasta 1946 cuando la figura jurídica de coalición fue creada en la Ley Federal Electoral. Para no irnos hasta atrás en materia de la historia de las alianzas en México, a mediados del siglo XIX –recién concluida la guerra de Independencia– se observan infinidad de alianzas entre partidos políticos, por intereses de sus caciques y en su mayoría para apoyar candidaturas en elecciones federales. Hubo alianzas entre los partidarios a la monarquía y de la república, del centralismo y el federalismo, después, entre los ritos masónicos escocés y yorkino, entre conservadores y liberales, moderados y puros. Un ejemplo típico de aquella época fue la alianza de Antonio López de Santa Anna –como presidente y quien en ese momento era liberal– en fórmula como vicepresidente del representante de los conservadores, Valentín Gómez Farías.
A principios del siglo XX, el Partido Reeleccionista (el de Don Porfirio, por supuesto) el Partido Nacional Democrático (PND) y el Gran Partido Nacional Obrero formaron una alianza, en 1909, para apoyar las candidaturas de Porfirio Díaz a la Presidencia y de su compadre, Ramón Corral, a la Vicepresidencia. En 1910, el mismo PND le dio chaquetazo a Díaz y se alió con el Partido Nacional Antirreeleccionista, ambos creados en 1909, a fin de apoyar a Francisco I. Madero y a Emilio Vázquez Gómez como candidatos a la Presidencia y la Vicepresidencia. Otro ejemplo de alianza se dio en 1911 entre los partidos Católico Nacional, el Independiente y Constitucional Progresista (hijo del Antirreeelccionista), los cuales apoyaron la fórmula de Madero y José María Pino Suárez.
Después, en 1920, casi terminados los balazos y cañonazos de la Revolución, junto con los partidos Liberal Cooperativista y el Nacional Agrarista el Partido Laborista Mexicano apoyó la candidatura de Álvaro Obregón. En 1929 se creó una coalición electoral ente el Partido Comunista Mexicano y el Bloque Obrero y Campesino Nacional, la cual respaldó la candidatura del general Pedro Vázquez Rodríguez.
La figura de la alianza electoral se utilizó en 1930 para presionar a la dirigencia del recién fundado Partido Nacional Revolucionario (padre del PRI), o lo que fue lo mismo, al presidente del partido Emilio Portes Gil, identificado como el jefe de los “rojos”, puesto que éste mayoriteó las elecciones para integrar el Poder Legislativo, así que los “blancos” quedaron en aplastante desventaja para el presidente de la República, Pascual Ortiz Rubio.
Según este repaso a ojo de buen cubero, podemos adelantar algunos de los engendros tipo Frankenstein que nos esperan en el proceso electoral que está a la vuelta de la esquina... (Me leen el lunes).
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