Mientras la expropiación petrolera del presidente Lázaro Cárdenas del Río cumplirá 20 años, a los cinco años de que entró en vigor la reforma energética con la que Enrique Peña Nieto pretendió revertir aquella histórica determinación la diferencia que salta a la vista es que el nativo de Jiquilpan alcanzó una de sus muchas cúspides de popularidad y reconocimiento nacional, en tanto que el de Atlacomulco no tiene ni una ni el otro. Aprobada en agosto del 2013 por el Congreso de la Unión, con 354 votos a favor, 134 en contra y cero abstenciones, la reforma de marras aplicó en agosto de 2015. Fue lapso de 9 meses transcurridos en el que se dieron media docena o más de gasolinazos, uno de los cuales fue en el estreno de 2017 que significó tremendos porrazos a los niveles de aceptación de Peña Nieto. En ese momento, esto sin contar la cauda de escándalos, pifias y “perlas”, como otro nuevo conflicto de intereses por mil millones de pesos en alimentos infantiles vendidos al DIF nacional. En agosto de 2013, se aprobó la reforma energética que propuso el gobierno encabezado por el político mexiquense, para dar paso a la apertura del sector petrolero y eléctrico, así como a la inversión extranjera. Entre los casi 80 años de la expropiación cardenista y el año y medio del circo, maroma y teatro que escenificó la puerta abierta del sector petrolero y eléctrico, aún están de por medio las etiquetas de “traidores”, “vende patrias” y “antimexicanos” a quienes apoyaron la medida presidencial que al PRI que le restarán méritos y votos en los procesos electorales de 2018… LA REFORMA. Pese a la propaganda y despliegue multimillonario en publicidad mediática, fueron contados los mexicanos que se creyeron el chiste de mal gusto divulgó el gobierno, al decir que la mentada reforma energética “es consecutiva y consecuente” con la expropiación del presidente Lázaro Cárdenas cuando en realidad significó un giro de 360 grados o de reversa a la misma. El meollo del asunto fue que se permitían contratos con particulares, tanto para explorar como extraer petróleo y demás hidrocarburos del subsuelo del país. Las contraprestaciones para los particulares fueron de dinero hasta y la utilidad compartida hasta la entrega de los hidrocarburos, según la legislación y los reglamentos aprobados por los expropiadores de la riqueza petrolera nacional. Con otra: una vez cumplido el plazo de dos años para que esta transición se concretara, Pemex y CFE iban a dejar de ser organismos descentralizados para convertirse en “empresas productivas del estado”. Mientras cambiaban de régimen, las dos empresas hicieron contratos con particulares a partir del marco legal existente. O sea, el Estado mexicano o la nación mexicana ya eran dueños del petróleo y la electricidad, puesto que su venta quedaría en manos del grupo sexenal de turno que llegara a la Presidencia de la República. Al otrora todopoderosos Sindicato de Trabajadores Petroleros lo sacaron de la jugada multimillonaria que tenía al formar parte del Consejo de Administración de Pemex, pero aun así, dijeron, “se respetaron los derechos de todos los trabajadores a cabalidad”. En otras palabras, a los dirigentes sindicales les quitaron unas prebendas y se las cambiaron por otras, como se leerá más adelante. Es por todo esto y mucho más que la reforma energética representó un retroceso respecto a la legislación vigente desde hacía 79 años. Simple: porque la expropiación petrolera decretada en 1938 por Cárdenas estableció que la producción de energéticos sería única y exclusivamente del Estado…. ANTECEDENTES. Era claro que, al convertirse en el principal combustible mundial gracias a la revolución Industrial, las grandes compañías petroleras intentaron controlar las reservas de oro negro del planeta. Un apretado resumen histórico de los antecedentes de la expropiación quedaría así: Porfirio Díaz les cobró pocos impuestos a las empresas gringas e inglesas a cambio de crear empleos. Francisco I. Madero intentó aplicarles incrementos para sostener a su gobierno, pero, vía la embajada estadounidense y Victoriano Huerta, murió asesinado. Venustiano Carranza también quiso controlarlos, y para eso estableció en el artículo 27 de la Constitución que los bienes del subsuelo son propiedad de la nación. Álvaro Obregón, que necesitaba el reconocimiento norteamericano, no hizo mucho caso de ese artículo y permitió que las compañías petroleras operaran libremente. En cambio, Plutarco Elías Calles decidió volver a controlar a empresas extranjeras, por lo que en 1927 México estuvo a punto de sufrir una nueva invasión del ejército norteamericano… Hoy los mexicanos podemos exclamar: ¿de la que nos salvamos!.. (Me leen después).

 

José Manuel Pérez Durán
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