Ni el liberalismo políticoeconómico, de la época de Juárez, ni el neoliberalismo de Carlos Salinas trajeron la suficiente y adecuada justicia social. En el primer caso, la cúspide del liberalismo político fue el positivismo progresista del porfiriato, cuyas contradicciones de represión de las libertades y desarrollismo a costa de vida y recursos naturales tuvieron salida en la Revolución de 1910-1919. En el segundo caso, el neoliberalismo estrenado por Miguel de la Madrid tuvo su clímax con su sucesor y la correspondiente respuesta del levantamiento neozapatista de Chiapas, en 1994.

En el ámbito local y en las primeras dos décadas del siglo XXI, además de haberse borrado de la faz de la tierra el rostro rural de Morelos y buena parte de sus idílicos parajes, el paisaje morelense es un urbanismo desordenado, al igual que muchas zonas de México. Hay zonas de auténtica marginación y miseria. Se puede decir que hasta principios del siglo XX en Morelos y buena parte del país hubo, en efecto, pobreza, pero no miseria. En la primera condición la gente tiene asegurados los elementos básicos para subsistir. En la segunda, vive al día y en muchas ocasiones la gente no tiene ni para comer. Ésa es la pobreza extrema.

La miseria se da también cuando unos cuantos ricos se hacen más ricos aun e, incluso, cuándo un país –como es el caso de México– tiene a una de las personas más ricas del mundo. Es entonces también cuando la llamada “distribución equitativa de la riqueza” es sólo un concepto, no una realidad.

Delincuencia y miseria son las condiciones o “caldo de cultivo” para que los jóvenes marginados, sin posibilidades de estudio ni de trabajo, sean absorbidos por el espejismo del dinero fácil que propicia la delincuencia organizada. Bombardeados por mensajes de los medios electrónicos e Internet que describen los “paraísos artificiales” que sólo un magnífico ingreso puede lograr, los jóvenes sin alternativas son presa fácil del crimen. Con el cambio del paisaje territorial se ha transformado también el paradigma del éxito. Antes ser abogado, ingeniero, médico, licenciado, era una aspiración de los jóvenes de la mayoría de las familias. Pero al cancelarse las oportunidades de trabajo, debido a la contracción de la oferta por erradas políticas económicas, los egresados de esas y otras profesiones se convierten en desempleados “de lujo” o subempleados, por lo que muchos manejan taxis, venden cursos de inglés, trabajan por horas en alguna tienda departamental. Egresadas o no de universidades, mujeres laboran en zapaterías o en mostradores de todo tipo de comercios para completar el gasto familiar. Peor si son madres solteras o el marido aporta poco o nada a la manutención familiar. Las circunstancias de la gran mayoría de la gente no son las favorables como para presumir aquello de “vivir mejor”, como alardean los medios tradicionales.

Lo cierto es que la geografía física y humana de la entidad morelense ha cambiado, y no siempre para bien. Si analizamos ese cambio del siglo XIX al XX y lo que va del actual, tenemos que la fisonomía del territorio responde a momentos claves en la vida nacional, y que de la misma manera ha cambiado el aspecto de todas las ciudades del país. En mayor o menor grado, la planeación de la urbanización no se ha cumplido. En su expansión, Morelos padece y seguirá careciendo de orden.

De acuerdo a las etapas históricas de México, se advierte la forma en que la estructura económica determina el tipo de vida de los pueblos. La Conquista y la Colonia trajeron las haciendas cañeras, en las cuales la población indígena fue usada como la principal mano de obra. Vino la Independencia, la convulsión de la nación mexicana en busca de su consolidación en tiempos de Santa Anna, las invasiones norteamericanas y la francesa, la Guerra de Reforma y el Primer Imperio, pero las condiciones de vida del grueso de la población continuaron al nivel similar o peor que en el vasallaje feudal europeo...

RETAZOS. La expresión de la gobernadora electa Margarita González Saravia debió quitarle el sueño a Cuauhtémoc Blanco, cuando se pronunció contra la corrupción y la impunidad. Igualmente, luego de la presentación de nueve integrantes de su gabinete ampliado externó su desacuerdo con la gestión de Uriel Carmona Gándara como fiscal general de justicia, lo cual fue interpretado como que no lo quiere ver en su equipo de gobierno… (Me leen el lunes).

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